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Abuelos 10

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El informe presentado el pasado lunes por la ONG Educo sobre “Crisis y efecto dominó ¿Quedan piezas por caer?” confirma la experiencia que vemos a nuestro alrededor de que los abuelos están volcándose con hijos y nietos cada vez más a causa de la crisis económica.


Un artículo de...

Javier Arnal
Javier Arnal

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En concreto, el mencionado informe arroja el dato de que el 80% de los abuelos ayuda económicamente a hijos y nietos, con una media mensual de 290 euros, y que la proporción se ha multiplicado por cuatro desde 2010, fecha en la que un 20% de los abuelos lo hacían.

Educo es una ONG de cooperación centrada en la educación, en concreto en las becas comedor para escolares necesitados. Desde 2013, Educo ha financiado con 1,5 millones hasta ahora becas comedor.

Cuando la crisis golpeó a las familias, subsistían con subsidios de paro y ahorros. La crisis se ha ido alargando y han tenido que acudir en socorro los abuelos, que lo hacen con enorme sacrificio y con gran dedicación.

Muchos abuelos se privan de gastos razonables, o no urgentes, para ayudar a sus hijos o nietos. Es cierto que la mayoría de los abuelos suele tener la vivienda en propiedad, pero también es cierto que un pensionista o abuelo tiene el legítimo derecho a ahorrar previendo que pueden surgirle gastos inesperados por salud, o simplemente porque tengan que pagar a una persona para ayudarle en tareas domésticas porque el cuerpo y la mente sufren un deterioro evidente.

Sin embargo, los abuelos prefieren ayudar a hijos y nietos, antes que garantizarse una estabilidad económica – ganada merecidamente, con pensiones mensuales que muchas veces son de 700 ó 900 euros -, renunciando a gastos que les hacía ilusión y hasta de gastos más necesarios, disminuyendo lo que dedican a su propia manutención, dilatando visitas al dentista, y un largo etcétera que hace muy meritoria la labor actual de los abuelos en España.

Aportan económicamente y dedican mucho tiempo, en general. Como he comprobado, en diversos edificios se ve por las mañanas cómo llegan abuelas o abuelos para llevar a los nietos al centro escolar, o tareas del domicilio que su hija o hijo no pueden asumir con facilidad, por su horario de trabajo o por sus peripecias en búsqueda de empleo.

Hace tiempo, un amigo me lo comentaba: “por las mañanas, acude al edificio donde vivo un auténtico ejército de abuelas y abuelos, a veces a horas bastante tempranas, para asumir cargas familiares de sus hijos”. Lo decía con asombro, como un fenómeno casi reciente, y con una buena dosis de admiración, como es lógico.

Es una fase más de la crisis económica y laboral, en la que se está demostrando que el auténtico colchón es la familia, muy por encima del Estado.

Por todo ello, los abuelos se merecen un 10. No buscan reconocimientos – a veces los propios hijos no valoran suficientemente su esfuerzo – ni homenajes de la sociedad, porque han crecido en un ambiente de fortaleza, esfuerzo y sobriedad. Sus hijos han nacido en la sociedad del bienestar, y probablemente tienen menos fuerza para sobrellevar la crisis, porque no han concebido su vida sin tener uno o dos coches, ser socios de un gimnasio o de un club de tenis, realizar ciertos viajes, que en sí mismos pueden tener justificación, pero que los abuelos no se permitieron en su vida, y ahora no quieren o no pueden plantearse.

Los abuelos están enseñándonos muchas cosas, fruto de esa cultura del esfuerzo que ellos vivieron y que les permite una actitud de ayuda constante sin estridencias, con naturalidad personal y familiar.

En nuestra cultura se preconiza lo joven, lo último, la moda, la autoestima, y se tiende a arrinconar lo viejo, a veces en las propias celebraciones familiares. Los abuelos se vuelcan, buscan lo mejor para sus hijos y nietos, piensan poco en su autoestima o en la moda. Quienes viven en asilos o residencias palpan con dolor, en no pocas ocasiones, la escasez de visitas de hijos o nietos, o las llamadas “visitas para cumplir”, en vez de volcarse con los abuelos.

De los abuelos 10 hemos de aprender mucho. Devolvámosles algo de lo mucho que han hecho o/y hacen, sin que se sientan una carga, arrinconados de formas muy sutiles o penosas. El afecto y la ayuda efectiva de los abuelos en tiempos de crisis está demostrando, también, el corazón que cada uno tiene, y en algunos permite ver que tienen una “gusanera” donde la abnegación, la alegría y la entrega deberían ser las señas de identidad.

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