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Acuerdo frente al terrorismo

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Estamos tan embobados en nuestra partitocracia que un acuerdo entre los dos grandes partidos, en materia de terrorismo, nos parece un hito excepcional sin pararnos a pensar en su viabilidad o en su eficacia y en que debería de ser algo normal.

Un artículo de...

Félix Gallardo
Félix Gallardo

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Se reunieron representantes del Gobierno y del Partido Socialista para sacar adelante un acuerdo que ponga en marcha una serie de medidas contra el terrorismo. Evidentemente el Partido Popular, que goza de mayoría absoluta, puede legislar sobre la materia sin el concurso de ninguna otra formación, pero, al parecer, quiere contar con el beneplácito de la oposición.

Hasta ahí todo normal e incluso plausible, porque el hecho de que a estas alturas y en año electoral se consiga un acuerdo entre los dos grandes partidos siempre es bueno.

No pocos se han apresurado a batir palmas por el simple hecho de que los partidos hayan pactado. Y eso no es tan normal. Si después de todo lo que está pasando con el terrorismo, en España, país atormentado desde hace años por asesinatos sin cuento, nos parece excepcional y echamos las campanas al vuelo porque Partido Socialista y Partido Popular han llegado a un principio de acuerdo es que nuestra democracia no es –ni cuantitativa ni cualitativamente- todo lo que se supone que tendría que ser.

Estamos tan inmersos y tan embobados en y con nuestra partitocracia que, políticamente, vivimos por y para los partidos. Lo que dicen los partidos, lo que hacen los partidos, lo que deciden los partidos, lo que ocurre en los partidos, los candidatos de los partidos y hasta las sinvergonzonerías de los partidos. Por eso cualquier acuerdo -al que no estamos acostumbrados- nos parece algo sin precedentes por lo que tenemos que volvernos locos de alegría.

Consensos como el que nos ocupa tendrían que ser moneda de cambio corriente en nuestra vida política y –dejando aparte la cursilería esa de ‘un acuerdo de estado’- nadie debería alegrarse simplemente porque se pongan de acuerdo, sino por la viabilidad, la eficacia y el contenido final de lo acordado.

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