Miércoles 17/01/2018. Actualizado 17:59h

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Tribuna libre

Aído pone toda la carne en el asador con el aborto y Garzón se presenta con la azada de desenterrador en la mano

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Le ha costado encontrar algo que hacer, pero lo ha conseguido. Bibiana Aido se va a entregar en cuerpo y alma a defender los derechos fundamentales de las mujeres que aborten y de los profesionales que las atiendan.

Y nosotros sin enterarnos. Ha tenido que venir la ministra de Igualdad para que nos percatemos de que atender clínicamente un aborto es un derecho fundamental de los profesionales de la sanidad.

Ahora ya parece oportuno, en el seno del Partido Socialista, sacar a la calle la ley del aborto. En la última campaña electoral ni se mencionó. La Vicepresidenta hablaba de reformar la Ley; el presidente de un debate; pero la ministra Aido va más allá y se lanza como una bala a defender nuestros derechos fundamentales. Una santa a la que nunca agradeceremos bastante su gestión al frente de tan atareado ministerio.

Claro que los mal pensados se preguntarán qué hace mientras tanto su colega de Sanidad. Es como si Bibiana hubiera ido por los asientos del Consejo de Ministros: ‘me dé algo que hacer señorito ministro’ y va Bernat Soria y le da lo de la ley del aborto.

Parece que todo lo referente al aborto o a la eutanasia tiene un calado político más profundo de lo que pueda pensarse. Con independencia de lo que de polémica va a suponer en la sociedad española, el Partido Socialista sabe que los dos asuntos resultan, cuando menos, incómodos en el seno del Partido Popular. Incluso aunque los dirigentes consigan que no salgan a la luz las discrepancias que hay entre sus cuadros, lo cierto es que tanto la eutanasia como el aborto, serán objeto de debates en el partido y eso no va a ser agradable para la cúpula de Génova.

Si Aido va a montar el tinglado del aborto, Garzón no se va a quedar atrás en portadas y aperturas de informativos. El juez ha decidido dedicarse a los desenterramientos y se va a ir por esas cunetas de Dios a descubrir fosas comunes.

No se puede utilizar el dolor de tantas familias que sufrieron los horrores de cualquier guerra civil. Aunque no lo diga Bibiana, eso sí que es un derecho. El derecho de cada uno a saber dónde están sus muertos y a enterrarlos dignamente, pero eso no autoriza a utilizar a los descendientes fallecidos para montar una auténtica campaña personal.

Por más que el ministro de Justicia diga que le parece estupendo y que Garzón ‘va a poner las cosas en su sitio’ hay que reconocer que eso se puede hacer de muchas maneras y, sobre todo, con menos publicidad.

Son muchos los pueblos que tienen sus fosas comunes y sus cunetas a un lado y a otro de la carretera de la Guerra Civil. Son esos pueblos los que se deben ocupar con todas las garantías legales, de encontrar a sus seres queridos y enterrarlos con todo el cariño y con toda la dignidad. Pero de eso a que sea el juez Garzón el que presida los entierros, va un abismo.

Son demasiadas cortinas de humo, demasiados telones en los que se está refugiando Rodríguez Zapatero, para no ver lo que tiene enfrente de su nariz: la crisis económica, las cifras del paro, la venta de automóviles, los problemas de la banca o los cierres de pequeñas y medianas empresas, no van a poder ocultarse detrás de los ‘derechos fundamentales’ de la ministra de Igualdad o de los muertos de Garzón.

Tampoco sirve de nada –salvo para hacer el ridículo- que José Blanco diga que ‘los españoles viven mejor que nunca aunque alguno tiene algún problema’. Hay que reconocer la sensibilidad del gallego para analizar los problemas. Pues es verdad, hay algún español que tiene alguna gotera en el baño. Algún español al que le han rozado el coche. Algún español que ha tenido que devolver en el restaurante el entrecot poco hecho. Algún español al que le llora el niño porque se le ha pinchado el patito en la playa. Gran conocedor de España este hombre. Nadie como él sabe que hay algún español con algún problema.

Pero el de Palas de Rei no se para en barras y nos ilustra sobre los desastres de la sanidad madrileña. Porque cuando Esperanza Aguirre y varios miembros de su gobierno dieron una paliza al doctor Neira, los médicos de los hospitales que dependen de la autonomía apenas le atendieron y eso es porque la sanidad en Madrid es un caos.

Igual es un caos la ley de costas en Galicia, pero es un caos bueno siempre que, según se dice, Blanco pueda tener un ático a 20 metros del mar.

Y es que el caos va por barrios o por ministerios. Porque hay que ver el caos que se ha encontrado Chacón en el ministerio de Defensa que ahora tiene que cambiar los diseños de los uniformes de las mujeres que son militares y que no están a tono con la anatomía femenina.

Lo que pasa es que cuando un ministro o ministra decide coger el toro por los cuernos no hay quien los pare.

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