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Alcohol en la adolescencia

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Tal vez sea por el clima mediterráneo propio de España. O quizás por la inseguridad típica de la edad. Pero lo cierto es que la droga más consumida por los adolescentes españoles es el alcohol.

Tal vez sea por el clima mediterráneo propio de España. O quizás por la inseguridad típica de la edad. Pero lo cierto es que la droga más consumida por los adolescentes españoles es el alcohol. De hecho, no es extraño tropezar y realizar grandes peripecias para no caer de bruces contra las botellas vacías y medio rotas que recubren las calles de un domingo por la mañana.

La situación está adquiriendo tal gravedad que acontecimientos como el que tuvo lugar hace pocos días en Tarragona, muestra el poder demoledor que provoca el alcohol. Allí, un joven de veinte años, absolutamente borracho abusó sexualmente de una jovencita en mitad de la calzada. Y por si fuera poco, su amigo haciendo uso de su teléfono móvil grabó la escena como recuerdo. Si bien el estado de embriaguez no es el único factor determinante para cometer tales atrocidades, sí que ayuda a ejecutar actos que probablemente no se cometerían si estuvieran sobrios.

Para la juventud de hoy en día beber, es un hecho habitual en un entorno de amigos, lejos del control de los adultos. Estrechamente relacionado a la desinhibición, diversión, nuevas sensaciones, y éxito inmediato. Importándoles poco o nada los efectos nocivos que acarrea su consumo tanto para la salud física, como la psíquica. Pero lo que aquí nos interesa no es entrar en el detalle de todas y cada una de las consecuencias negativas que el alcohol origina en el cuerpo humano, y especialmente en los adolescentes que se hallan en pleno crecimiento y desarrollo físico. Lo que sí merece la pena es detenerse a considerar por un lado el grave incumplimiento de la ley que prohíbe la venta de alcohol a los menores de edad, y por otro lado la necesidad que tienen los adolescentes de unos referentes sólidos, de unos verdaderos maestros que motiven con su ejemplo a alcanzar una vida plena. 

Recientes estudios –entre ellos el realizado por el Ministerio de Sanidad y Consumo- constatan que la edad media en que los jóvenes comienzan a beber es de 14 años. Pero lo más alarmante es que entre un 50% y un 75% de adolescentes entre 14 y 18 años afirma haber tomado alcohol en el último mes. Y casi el 94% de los escolares cree que obtener alcohol es asequible en cualquier momento y lugar. Parece obvio, vistos los datos, que la ley se incumple sistemáticamente. Hacen un flaco favor a las nuevas generaciones, que se hallan en una etapa clave en la formación de la propia personalidad, donde los grandes ideales, ilusiones verdaderas y retos a superar difícilmente se lograrán si quedan irremediablemente adictos a esa droga blanda, pero droga.

Conviene alertar al joven que el consumo abusivo de alcohol no es una receta para vencer la timidez y estar más animado, ni se trata de una ayuda para superar el cansancio. Injerir alcohol bajo dichas premisas puede convertirse en una costumbre, con el riesgo de no lograr la diversión sin acudir a la bebida. Los jóvenes se enfrentan a un apasionante mundo en el que para triunfar de verdad, deberán ir de la mano de la templanza, para obtener el dominio de sí mismos y así desterrar todos los desórdenes de dentro y de fuera. Pues es en la templanza donde se alcanzan unos frutos muy preciados: la prudencia, la justicia y la fortaleza.

Los padres, asimismo, nos enfrentamos ante otro mundo no menos apasionante, que es el de amar, comprender y acompañar a nuestros hijos adolescentes a pesar de sus estridentes e insustanciales comportamientos. En el que para triunfar deberemos de ir de la mano del amor que todo lo puede y de la paciencia que todo lo alcanza.

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