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Tribuna libre

Andalucía y sus presidentes

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Con decir que Manuel Chaves fue durante casi 20 años el presidente del ejecutivo andaluz, no hacen falta más explicaciones.

La verdad es que los andaluces no han tenido demasiada suerte con sus presidentes autonómicos. Basta con decir que hasta Gaspar Zarrías fue presidente de la Junta –eso sí en funciones- durante unos días en abril de 2009.

Y con decir que Manuel Chaves fue el jefe del ejecutivo andaluz durante casi 20 años ya no hace falta más.

Desde el preautonómico Plácido Fernández Viagas hasta el también preautonómico, y ya después en plena autonomía, Rafael Escuredo, pasando por José Rodríguez de la Borbolla, hasta llegar a la actual presidenta 'in pectore', Susana Díaz, ha habido de todo y no demasiado bueno. Empezando por José Antonio Griñán y la misma Díaz -que lo son o lo serán, sin pasar por las urnas- no hay que asustarse de nada. Todos ellos del Partido Socialista y, salvo alguna excepción, todos abandonando el cargo o bien a la carrera, o bien con algunos trapillos más o menos manchados.

Las 'peonás', 'la PSOE', las subvenciones, los paros, los ERES y el 'bóbilis bóbilis' de los cafelitos, siguen presentes. Ha ido pasando el tiempo y la poltrona no ha conocido más que posaderas socialistas. Posaderas socialistas que, en los dos últimos casos, se han despegado del tan querido sillón de forma especialmente veloz.

Chaves se vino a Madrid a refugiarse de ministro y vicepresidente en el Gobierno de Rodríguez Zapatero y, ahora, Griñán emprende una carrera en pelo desde la salida del Palacio de San Telmo a no se sabe bien qué meta.

Mala suerte la de los andaluces con sus presidentes. Hasta con las primarias para sustituir a Griñán ha habido problemas dentro del socialismo andaluz.

El intríngulis está en que los socialistas andaluces tienen las principales llaves de la calle Ferraz en sus manos y pocos en el socialismo español se atreven a toserlos.

La espantada de José Antonio Griñán ha dejado en cosa de niños las famosas 'espantás' de Rafael el Gallo, un gran torero y un buen andaluz.

Hay nombres como 'Matsa' o 'Mercasevilla' que no perdonan, y una caterva de hermanos, hijos, primos, sobrinos y demás familia que no son fácilmente olvidables. Vamos, como en las esquelas.

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