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Tribuna libre

Antonio Fontán, un sabio entre nosotros

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Antonio Fontán Pérez, que acaba de morir a los 86 años, al amanecer de un invernal día en Madrid, fue un sabio de nuestro tiempo que se entregó a los demás y que dio a su vida un contenido y una proyección excepcionales.

Su admirado Marco Tulio Cicerón, a cuyo estudio y traducción había dedicado muchas horas de su intensa vida, dejó escrito que no basta con adquirir sabiduría, sino que es preciso también usarla. Antonio Fontán Pérez, que acaba de morir a los 87 años, al amanecer de un invernal día en Madrid, fue un sabio de nuestro tiempo que se entregó a los demás y que dio a su vida un contenido y una proyección excepcionales. Hijo de militar, Fontán nació en el seno de una familia tradicional de Sevilla, estudió con los jesuitas, cursó la carrera de Filosofía y Letras en Sevilla y Madrid y se hizo muy pronto con una cátedra de Filología Latina en la Universidad de Granada. Pero, al tiempo que emprendía una impecable trayectoria académica, que siguió por las Universidades de Navarra, Autónoma de Madrid y Complutense, Fontán se enfrentó con todo vigor a sus dos otras vocaciones, la política y el periodismo. Creó el Instituto de Periodismo de la Universidad de Navarra, que derivaría en Facultad, dirigió publicaciones, aconsejó al Conde Barcelona, intervino en la formación del Rey, pastoreó a los liberales y completó su doble militancia dirigiendo el Diario Madrid en los años cruciales previos a la Transición.

Los que le tratamos en aquella época nunca olvidaremos su temple en las horas difíciles, su intuición política y periodística y su permanente magisterio. Fontán fue siempre un escritor brillante y preciso, que, en aquel perseguido Diario Madrid, tan incómodo para el tardotranquismo, que terminó condecorándolo con un cierre ignominioso, pilotó con mano maestra la línea editorial del periódico y consolidó la pujanza de una cabecera histórica. Acababa de entrar en vigor la Ley de Prensa de Fraga, y el Madrid dirigido por Antonio Fontán y presidido por Calvo Serer, jugó sin miedo la carta de la nueva libertad, aunque fuese vigilada. Algunos años más tarde, el Instituto Internacional de Prensa, con sede en Zurich, le distinguió con el título de uno de los 50 Héroes de la Libertad de Prensa en todo el mundo.

La biografía de Antonio Fontán siguió creciendo en los dos campos tras aquel silencio impuesto. Hace 20 años fundó “Nueva Revista” y, con la Transición, Fontán fue primer presidente del Senado y ministro de Administración Territorial de Adolfo Suárez. Para subrayar lo destacado de este largo esfuerzo vital, el Rey don Juan Carlos le distinguió con el título de Marqués de Guadalcanal.

Decía León Felipe, prologando a Walt Whitman, que los poetas no tienen biografía, tienen destino. Es algo común a los grandes hombres. La rica y ejemplar biografía de Antonio Fontán no cabe en un folio, pero sí la síntesis de lo que supuso su sabia presencia entre nosotros. A los que le debemos tantas cosas, sólo nos queda pensar, con Cicerón, que la vida de los muertos es la memoria de los vivos.

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