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Tribuna libre

Ayer tuve un sueño de buen rollo

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El buen rollo siempre contribuye al buen humor. Pero nada para el humor como las declaraciones y discursos de nuestros políticos.

Un sueño que se adelantaba en el tiempo y llegaba al año 2013.

Para entonces España tenía los presupuestos más sociales de la democracia. Para entonces España cumplía el objetivo de déficit. Para entonces España alcanzaba el objetivo de ingresos tributarios. Y en ese 2013 España veía transcurrir el último año de recesión.

Lo malo de los sueños, si son agradables, es el despertar, y al despertar todo volvió a su ser porque el sueño simplemente había sido el análisis que de los Presupuestos Generales del Estado estaba haciendo Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda, en el Congreso de los Diputados.

La oposición se oponía en enmiendas a la totalidad y el ministro defendía, una y otra vez, con más altanería que acierto, los presupuestos que van a protagonizar la vida española durante los próximos meses.

Era solamente un sueño, pero que se asemeja totalmente a la realidad de lo que vamos a tener o de lo que nos dicen que va a pasar con nuestra economía. Lo que pasa es que estamos tan escamados que apenas nos creemos lo que dicen los políticos. Unos y otros.

Hay realidades que, de puro absurdas, parecen un sueño. Pero hay realidades y sueños francamente divertidos. Lo que dicen algunos de nuestros políticos es tan divertido que podría ser objeto de querella por parte de los humoristas, por intrusismo.

Por un lado los amigos de Confucio le dan una medalla a Rodríguez Zapatero. Mientras Junquera, de ERC, quiere hacer jurar a Mariano Rajoy, además de la Constitución, que no habrá una intervención militar en Cataluña. Al mismo tiempo Reñe, presidente de la Diputación de Lérida, se mosquea por los aviones militares que sobrevuelan Cataluña y, para desengrasar y –apenas sin darnos respiro-, el diputado catalán Alfred Bosch celebra la feliz coincidencia de que ‘nos echan y nos queremos marchar’ para pedir 16.000 millones de euros con los que empezar la marcha.

Lo dice ‘de buen rollo’ y eso es muy de agradecer. Pero lo más importante es que el buen rollo contribuye a mantener el buen humor.

Pero para buen humor, el de Pérez Rubalcaba comentado el movimiento de su silla.

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