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Por la boca… Besos, ternura, qué derroche de amor, cuánta locura

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Un fin de semana en la Caja Mágica y en Vistalegre, aplausos, desmadre en los informativos, plebiscitos y nada más. A esperar tocan.


Un artículo de...

Félix Gallardo
Félix Gallardo

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Tiempo habrá para analizar los contenidos reales y las consecuencias que para la política española van a tener las tenidas de Podemos y del Partido Popular este pasado fin de semana. Habrá tiempo porque la inanidad de ambas reuniones muestra muy a las claras que, ni en la Caja Mágica ni en Vistalegre ha pasado nada que no estuviera en el guión de ambas formaciones, y como se supone que algo tendrá que ocurrir en una y otra, y que eso que vaya a ocurrir se ha gestado estos días, aunque no nos hayamos enterado, conviene esperar acontecimientos.

De lo único que nos hemos enterado ha sido de los aplausos ‘foquiles’ de unos a otros, de los besos y los abrazos –puñaladas incluidas- de las frases huecas, repetitivas y estereotipadas y del coñazo de un fin de semana repleto de imágenes televisivas, siempre las mismas y siempre con los mismos, haciendo y diciendo lo mismo. Hasta un conspicuo presentadosr de televisión se permitió decirnos que era ‘un fin de semana decisivo para este país’ (?). Pues apañados vamos.

Y mientras, Irene Montero exultante, Maíllo reservón, Cospedal en estrella, Errejón y Maestre haciendo de tripas corazón, Cifuentes más ‘fan’ de Rajoy que nunca, Monedero en pleno orgullo de las sombras, los castellano-manchegos dimitiendo con el puchero del Partido Popular a cuestas, Rajoy como siempre –y es mucho decir- y Echenique afilando los dientes. Y tantos y tantos más, aplaudiendo, que pasaron un fin de semana en Madrid sin saber por qué y para qué.

Ni una idea en economía, ni una propuesta, ni una alusión a los problemas de la calle, ni política exterior, ni discusiones autonómicas, ni funcionarios, ni presupuestos.

Se supone que estas reuniones deberían haber servido para afianzar ideologías en el Partido Popular, pero como es fácil afianzar lo que no se tiene, se ha preferido posponer debates espinosos para un partido que fluctúa entre el conservadurismo, la socialdemocracia o el liberalismo. Ni hablar del aborto, de la eutanasia, de la enseñanza o de los ‘vientres de alquiler’ (‘vientres de alquiler’, por más que a Cifuentes le guste el eufemismo de ‘gestación subrogada’). Ni un solo asunto que pudiera tener la más mínima arista.

Y Podemos que reduce su reunión a votar a uno u a otro, cuando los resultados estaban más que cantados. Verdad o mentira, los puñales volaban por Vistalegre. Posiblemente Podemos, haya salido más comunista y menos propicia a alegrarle la vida a Pedro Sánchez, pero los cinco millones de españoles que dieron su voto, poco podrán explicar tras el domingo por la tarde. Porque ver a Iglesias hacerse la coleta, puede ser muy cercano y hasta popular, pero todo un fin de semana para una coleta o es poca coleta o es mucho fin de semana.

Reducir los comentarios sobre el nuevo comunismo a la española, a la intensidad de un abrazo y la ideología del partido de las derechas al escaso número de corbatas (muy progre todo), es un balance escasito.

Decir como dijo Rafael Mayoral, que la batalla política está entre ‘don Marino y sus amigos y Podemos que es una fuerza política’ es todo un hallazgo dialéctico. O volver a afirmar como afirmó Mariano Rajoy que en Cataluña no habría referéndum, es poco más que una broma.

Jugaban unos con la incógnita de los muchos cargos de Cospedal (gran noticia para la inmensa mayoría de los españoles), mientras los otros hablaban de unidad en los momentos más rotos de su formación. Se dejaba querer el ganador en la Caja Mágica y miraba por encima del hombro a quienes habían osado disputarle el liderazgo, el triunfador de Vistalegre. Se apresuraba Sánchez a felicitar a Iglesias y loaban al presidente ministros, secretarios de Estado y hasta jefes de negociado.

Como diría Ana Belén, besos, ternura, un derroche de amor, cuanta locura. Pero de política de verdad, de la que interesa a los ciudadanos poquito.

Y los informativos desmadrados. Nos quedan muchos fines de semana. Se podría proponer que todo se concentrara en uno al mes (y aún es mucho)

Pero hay esperanza: mientras, los más pequeño de la casa, seguían viendo ‘Bob Esponja’.

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