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El día 22 de diciembre de 2009, dije sí a Facebook. Lo hice con incertidumbre y cierta inquietud, pese a ser un trámite cotidiano y normal hoy en día. Lo comenté en casa durante la comida : “ya tengo Facebook”, dije .

Mis hijos intercambiaron una fugaz mirada de incrédula complicidad, y a continuación, sentí que me miraban con  un puntito de mayor admiración que antes de serlo.  Hoy es 15 de enero de 2010  y no he vuelto a entrar en él. Tengo la sensación de que a mi larga lista de obligaciones, he añadido una nueva. Intentaré ser una aceptable madre digital pero creo que el objetivo facebook me lo propondré,  tal vez, más adelante.    

Facebook, Comunidad, eMule, Tuenti, Skype, Spam, blog, perfil, My Space, Messenger, blog, chat…son términos que se refieren a nuevas realidades sociales y avances tecnológicos a los que, como padres de una generación digital, no podemos dar la espalda. 

Ahora, los niños nacen con una nueva carga genética en su código. El “gen de los dígitos”. Este gen informático, hace que desde muy pequeños, sean capaces de entender y manipular con éxito juguetes, máquinas y  aparatitos de todo tipo. Moviéndose, cada vez más pronto y con sorprendente soltura, en el mundo digital.

Mundo muy útil y positivo, que como todo, también cuenta con sus riesgos.

  

Uno de esos riesgos y  principal peligro, es dejar a nuestros hijos al cuidado del ordenador como anteriormente lo fue la tele. De la “teleniñera” al “ordenadorniñera”. Alternándose, en algunos casos,  durante un tiempo excesivo estas “tatas”.

Resulta nocivo permitir que estén  solos durante horas frente a este mundo digital, sin ejercer ningún tipo de control ni de acción educativa.  A muchos padres nos preocupa y no terminamos de entender el fenómeno de las “redes sociales”. En algunos casos nos da cierto miedo y rechazo, consecuencia  también de su desconocimiento.  

Si queremos que nuestros hijos se desenvuelvan de forma responsable en su mundo digital, no podemos quedarnos en ser sólo meros agentes  controladores y supervisores del uso que de él hagan. Intentemos educarlos extendiendo nuestra acción educativa a esta nueva realidad. 

Un obligado primer paso  para los padres es  conocerlo y  aprender a movernos por él. Por un lado, aprender lo que significa y a que se refiere toda una terminología digital que tan bien conocen nuestros hijos, pero que algunos padres desconocemos, ya que puede suponer una  barrera en nuestra comunicación y relación con ellos. Por otro, “navegar”, si es posible y todavía llegamos a tiempo, hacerlo “de su mano”. Que ellos mismos nos lo  enseñen, que seamos capaces de entender y aceptar su parte positiva y comentar la negativa. 

Una tarde en uno de estos “paseos”, mi hija de catorce años me preguntó: “¿quieres ver el Facteok de X?”. Al instante, sin darme tiempo a contestar, invadió la pantalla una megafoto de X. Foto en blanco y negro, bonita pero muy sensual y sexi, poco apropiada para la edad.

La mirada y el gesto felino de su pose, no tenía nada que ver con las coletas y mirada angelical de X cuando iba a 1º de E. P, última imagen que guardaba de ella. Bajo la foto, pude leer una larga ristra  de comentarios de todo tipo, de intensidad y tono variable, sobre el “producto expuesto”.

Me pilló por sorpresa, pero según pude comprobar y me cuentan, esto abunda. Como mi hija tampoco decía nada, le pregunté   “¿Te gusta la foto?”; -“Está guapa, pero se ha pasado un poco”, me dijo. Ante su respuesta y tras otros argumentos que intercambiamos, en la misma línea, pude recuperar de nuevo mis pulsaciones.  

       Horas después, reflexionando sobre los tradicionales propósitos para el nuevo año, caí en que es un buen objetivo de cara al año que empieza, prepararnos para ser buenos padres digitales, o por lo menos aceptables. Conocer el correcto uso de Internet en todas sus posibilidades y transmitírselo a nuestros hijos e hijas. Educarles en el uso responsable de esta herramienta en todas sus manifestaciones. 

       Para conseguirlo podemos tener en cuenta algunos consejos y adoptar medidas básicas de autoprotección como no dar a través de Internet datos de tipo personal, teléfono, colegio, instituto, dirección. Si se trata de compras hacerlo bajo supervisión de un adulto.

--   No concertar citas con personas que se conozcan a través de Internet. Si lo hacen, siempre en sitios públicos, avisando a amigos o a  familiares de que van a asistir y dónde va a ser  esa cita.

      

--  Explicarles que en ocasiones las personas que conocemos en Internet pueden no ser quienes dicen ser. Hay gente que adopta identidades distintas a la suya  con el fin de conseguir sus objetivos. 

-- Insistir en que cuando alguien o algo les ofenda o les haga sentir incómodos/as deben cortar esa comunicación e informar a los adultos de estos sucesos.

-- Si detectamos o detectan indicios de actividades ilegales o en contra de los derechos del menor dirigirnos al Grupo de Delitos Telemáticos de la Guardia Civil. 

Ser respetuoso con ellos/as mismos/as y con los demás internautas.

 

-- Ojo con las imágenes y fotos que se cuelgan en Internet, pues no admiten rectificación ni posibilidad de retirada. Una imagen vale más que mil palabras, antes de colgarlas pensar si estoy trasmitiendo una información adecuada de mi persona. Tener en cuenta que Internet es una ventana abierta a mucha gente. 

-- Colgar determinados comentarios, imágenes y/o vídeos, que atenten hacia personas o instituciones puede ser un delito, con consecuencias civiles y penales.  Enseñarles  que las normas de educación y buen comportamiento se deben extender a las relaciones online, con otras personas.

      

--  Dosificar el uso de Internet tanto para los adultos como para los  niños. Nuestro correcto ejemplo será el mejor modelo. 

-- Poner límites en cuanto al momento y lugar de uso de estas actividades. Existe vida sin Internet. Evitar  usar  y  responder a los estímulos digitales de forma individual durante las reuniones y salidas familiares.  

-- Evitar que todo su tiempo libre lo dediquen al ordenador y/o videojuegos, facilitándoles y fomentando actividades deportivas y/o artísticas que les puedan interesar.

-- Favorecer el desarrollo de las relaciones interpersonales reales, que no dediquen todo su tiempo libre a relaciones virtuales o a juegos. Supervisar el contenido  y características de los juegos a los que acceden o compran. Fijarnos en las carátulas de los juegos, sus características  y  edades recomendadas

-- Programar  actividades en las que  compartamos el tiempo libre con nuestros hijos y ubicar el ordenador en un espacio familiar común y a la vista de todos. En este sentido, recordar que la OMS aconseja que el ordenador /Internet se ubique en un espacio familiar común, accesible y a la vista de todos. De esta forma damos un paso más para evitar que accedan a contenidos poco apropiados, y sabemos el tiempo que están conectados. 

-- Utilizar Internet con nuestros hijos/as, como herramienta de búsqueda de información.  

Para realizar trabajos escolares, documentarnos para preparar  posibles viajes, obtener recetas de cocina, realizar visitas virtuales a museos, como forma de acceso a consultar títulos en bibliotecas públicas, etc.

-- Cuando sea  necesario utilizar sistemas de control parental. Aunque lo deseable es no llegar a utilizarlos, en ocasiones puede ser necesario controlar la actividad en línea de nuestros hijos. Los sistemas de control parental nos pueden ayudar a supervisar los sitios que visitan , saber qué hacen en ellos, impedir el acceso a ciertas páginas, filtrar contenidos, grabar sus conversaciones…

-- Si  detectamos en nuestros hijo/as conductas de abuso y/o uso patológico de juegos, Internet etc. debemos buscar ayuda especializada cuanto antes. 

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