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Dedicar las sesiones parlamentarias a discursos electoralistas y con acusaciones barriobajeras, es una gran equivocación de dudosa eficacia de cara a los electores. Y además, es cansino.

Un artículo de...

Félix Gallardo
Félix Gallardo

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No sabemos si nuestros representantes, en la Carrera de San Jerónimo, repasan de vez en cuando el diario de sesiones de la Cámara; si lo hacen, no cabe la menor duda de que se tienen que sentir abochornados de sí mismos, de los de su cuerda y de los de la cuerda de enfrente,

Cada miércoles, en eso que se ha dado en llamar sesiones de control, asistimos a un espectáculo que tiene de todo menos de control, de todo menos de poder legislativo, de todo menos de oposición y de todo menos de gobierno.

Sus señorías, por decir algo, han convertido el Congreso de los Diputados en un patio barriobajero, en un foro de insultos, de reproches, más o menos gruesos, de miradas aviesas y de gestos ampulosos, que se cruzan en aras de una democracia que solamente ellos entienden.

De iniciativas, nada; de medidas que nos afecten a todos, menos; de soluciones a los problemas, escasez y de categoría parlamentaria, cero.

Mariano Rajoy y Pedros Sánchez han convertido el hemiciclo en un constante mitin electoral que aprovechan para echarse en cara las respectivas vergüenzas.

Dedicar las sesiones parlamentarias a discursos electoralistas, es una gran equivocación y además, de dudosa eficacia de cara a los electores. Es un ejercicio monótono y cansino que no sirve para nada ni conduce a ninguna parte.

A juzgar por los aplausos de los correligionarios de cada uno y las sonrisas ante los denuestos que dedica al contrario su jefe de filas, nuestros políticos parecen satisfechos y bajan ufanos de su escaño palmoteándose la espalda: ‘Qué bien has estado Presidente’, dirán los unos. ‘Para que se enteren’, suspirarán los otros y así, hasta el siguiente miércoles.

Una buena medida sería obligarles a leer en voz alta el acta de las sesiones que recoge sus palabras. Seguro que más de uno se pondría colorado.

¿O no?

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