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Cataluña en boca de todos

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La ilegal convocatoria de referéndum en Cataluña no sólo afecta a los catalanes, sino a todos los españoles y a diversos niveles.

Un artículo de...

Javier Arnal
Javier Arnal

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Políticamente, Puigdemont no esperaba una respuesta tan contundente de Rajoy, y Rajoy no esperaba que la situación llegara al límite que ha llegado. No se celebrará el referéndum, pero los costes políticos pueden ser temibles, y en el resto de España hay temor a que a partir de octubre haya concesiones o cesiones que solivianten a diversos políticos y a los ciudadanos. Ya ha avisado el PNV: si se “excede” Rajoy, el pacto de gobierno con el PP pendería de un hilo.

Recientemente he visitado el monasterio de Sigena (Huesca). Es monumento nacional y, tras una sentencia judicial de 2015, Cataluña debe devolver más de 40 obras que pertenecen a ese monasterio. En la comarca están indignados porque Cataluña no acata la decisión judicial. Y encima escuchan estos días de algunos líderes catalanes que Aragón podría formar parte de una confederación imaginaria que serían los Países Catalanes.

Semejantes pretensiones anexionistas enervan en Aragón a la mayoría, mientras observan que Cataluña sigue sin devolver las obras de arte. Comentaba un aragonés con sorna: “si se trata de volver a una nueva Corona de Aragón, con capital en Zaragoza, tal vez se podría hablar, porque eso sí que fue un territorio histórico”

Rafael Nadal ha expresado su pesar por la crispación que se vive en Cataluña y abogando por la unidad de España, “porque unidos somos más fuertes”. Es lo que piensa la inmensa mayoría de los españoles, y también la mayoría de los catalanes.

La mayoría de los catalanes no es partidaria de la independencia. Y entre los que son partidarios de la independencia hay una buena parte que no lo es a cualquier precio, con esta convocatoria ilegal de referéndum. Es decir, una minoría catalana pretende imponer la independencia, sin respetar la democracia ni el Derecho, y lo seguirá intentando tras el 1-O. El final del ilegal referéndum está claro, pero la tensión es grande estos días, y se irá fomentando tras esa fecha, promovida por la CUP.

Hay crispación en Cataluña, pero también en el resto de España ante la situación que estamos viviendo. Se percibe cierto alejamiento del resto de los españoles respecto a Cataluña por esta alocada convocatoria de referéndum, y no es una buena noticia. La brecha entre el resto de España y Cataluña puede ir en aumento, y algunos casi asumen que “algún día llegará la independencia si no se enderezan con decisión y justicia materias como la enseñanza o el respeto al castellano, una cultura respetuosa con los no catalanes y acatando las decisiones judiciales”.

En la Comunidad Valenciana se observa un auge, fomentado desde Cataluña también con recursos económicos, de un catalanismo absorbente. El sistema educativo del tripartito valenciano es lo que pretende: so pretexto de imponer el valenciano, pretenden inculcar una historia y cultura pancatalanista, ante la indiferencia o ingenuidad de buena parte de los valencianos.

Los independentistas muestran como una meta ideal la independencia, solución a todos los males de Cataluña, como si la unión con España les perjudicara. No opina así el presidente de los empresarios catalanes que ha afirmado que, si se produjera la independencia, habría un colapso económico en esa comunidad autónoma.

La crispación en el resto de España es notable. Hasta de cansancio y hartazgo. Algunos profesionales que adquirían material o productos en Cataluña han decidido dejar de hacerlo. Muchos españoles tienen familiares y amigos en Cataluña, y hasta en sus relaciones de familia o amistad ha crecido la distancia, un germen nocivo de discusiones que enturbian las relaciones: son diálogos en los que algunos pretenden imponer, no dialogar, y así es imposible o muy difícil la sana convivencia.

Habrá estos días conatos – ojalá sólo haya intentos - de violencia de diversa índole en Cataluña, insultos, provocaciones. Son momentos de valentía, de no ser ingenuos, respetar el Derecho y la justicia, con la cabeza fría, y también lo serán en Cataluña los días, meses y años posteriores al 1-O. El “problema catalán” no se resuelve impidiendo el referéndum, requiere un análisis más profundo y amplio.

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