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Tribuna libre

Caza de brujas en Twitter contra periodistas poco dóciles

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A uno, del 15-M le gusta casi todo: descubrir cierto músculo en la sociedad civil; la vitalidad que demuestran los jóvenes; la dura crítica a los partidos políticos; el modo anárquico e incontrolado como ha surgido todo; el nerviosismo del poder establecido… Pero hay otras cosas que no me han gustado.

Un artículo de...

Javier Fumero
Javier Fumero

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Este movimiento tan estupendo llamado #spanishrevolution, #nonosvamos, #acampadasol o #yeswecamp ha surgido de forma caótica, brusca e indisciplinada. Desde el sábado pasado he podido seguir en Twitter el agitado proceso de gestación de un fenómeno que milagrosamente ha dado el paso de capullo a mariposa. (Ahora falta por comprobar, por cierto, si esto logra cuajar en una hermosa crisálida, tras el 22-M. Pero esa es otra cuestión).

Durante la semana inicial hay algo que me extrañó bastante. Y fue el tono y la actitud que demostraron los promotores de este movimiento en las redes sociales, concretamente a la hora de juzgar el trabajo de los periodistas. Para este colectivo, prácticamente nadie se ha salvado. Todos han actuado de la peor manera.

-- Quien sacó en televisión a los energúmenos del 15-M rompiendo escaparates y mamparas se comportaron como unos reduccionistas.

-- Quien programó en las horas siguientes una pieza de un minuto para informar de las movilizaciones en el telediario actuó como un mezquino: el tema merecía muchísimo más.

-- Quien ha especulado con la existencia de posibles ‘manos negras’ que mecen sospechosamente esta inocente cuna ha sido tildado de mojigato sin remedio y conspiranoico. También ha recibido estopa sin piedad.

-- Quien no contó los prolegómenos de la manifestación del pasado domingo ha sido tachado directamente de traidor y adicto al régimen. Y es curioso: el veredicto concluye que quien calló o fue demasiado tibio actuó así con la intención de acallar esas voces. Nadie salva la intención.

Es esto último lo que más me ha dejado perplejo. Porque esto no va así. El periodismo es un trabajo que consiste en echar un vistazo a la actualidad diaria, evaluar lo que está sucediendo y decidir el valor que tiene cada suceso para dimensionarlo y darle la debida proporción. Esa es la función del periodista.

Y este movimiento denominado ‘Democracia real ya’ o como sea, hace una semana y media era todavía una masa informe, con buenas intenciones, ningún precedente y sin pies ni cabeza. Aunque ahora haya quien se apunte encantado al ‘ya lo advertí yo’, muy pocos (ni ellos mismos, por supuesto) eran conscientes de lo que estaba surgiendo ni hasta donde podía a llegar.

Quiero decir con esto que la mayoría de los profesionales han actuado simplemente con prudencia. Han decidido esperar, recabar datos, evaluar los acontecimientos, para ir acomodando paulatinamente su respuesta. Sin embargo, las redes sociales han sido implacables en su ataque.

Y ojo porque otra de las cosas que ha demostrado Twitter estos días es la enorme capacidad que tiene para amedrentar a los periodistas que integran esta red social. Hay un gran número de profesionales de la comunicación conectados a esta red. La siguen en gran número. Faltan muy pocos. Unos hablan mucho y otros apenas dicen esta boca es mía. Pero todos escuchan.

Ahí se desató el pasado fin de semana una auténtica caza de brujas, una campaña de críticas feroces, con saña incluso, contra quienes no se estaba portando como los simpatizantes consideraban que era justo y pertinente. No se salvó, por poner un caso significativo, ni Ana Pastor.

La directora y presentadora de ‘Los Desayunos de TVE’ fue duramente criticada en la plataforma de microblogging por el comportamiento de la cadena pública la noche del pasado domingo. Para los movilizados, la televisión pública fue demasiado tibia. Pero días después, el hostigamiento seguía, con comentarios mordaces y furia incontenida. Incluso ante ‘tuits’ irónicos escritos por la periodista. Un atropello.

Fernando Berlín, director de Radiocable.com, también sufrió un duro ataque por parte de los tuiteros. Fue acusado de mostrar un apoyo poco contundente. Y tuvo que pagar por ello. Sufrió tal presión que vio conveniente incluso difundir un mensaje pidiendo disculpas en el que admitía no haber sabido prever la verdadera dimensión de esta movilización. Ni por esas. Se llevó además un duro varapalo por ese tuit.

Las críticas al vicedirector de El Mundo, Casimiro García Abadillo, han sido constantes y muy subidas de tono, porque en todo momento ha marcado distancias con este fenómeno. El veterano Carlos Carnicero tuvo la mala ocurrencia de defender inicialmente la decisión de la Junta Electoral Provincial que prohibió la acampada en la Puerta del Sol. En mal momento. Tanto, que ha cambiado de opinión y así lo ha manifestado recientemente.

Pedro J. Ramírez fue de los primeros en comprender la dimensión de este fenómeno y el lunes 16 hizo espacio en la portada a lo que acababa de suceder en Madrid. El País tuvo un comportamiento similar, dada la buena presencia que tienen sus periodistas en Twitter. Pero el periódico de Unidad Editorial ha mantenido una postura firme e inquebrantable en lo que se refiere a este fin de semana: rechazo total a las algaradas que puedan enturbiar la jornada electoral.

También por esto han debido pagar un precio en la Avenida de San Luis. Críticas sin cuento y ostensibles ataques al periódico y a su director. Y eso que, como digo, este diario fue de los primeros en intervenir. Un gráfico difundido por Toni Piqué demuestra precisamente que El País, El Mundo y Público fueron los primeros en reaccionar (véalo aquí debajo). Por cierto, que Piqué considera que el periodismo español ha demostrado muy pocos reflejos. Yo no estoy del todo de acuerdo porque, lo repito, evaluar exige tiempo.

Pero sigo. Los cámaras y locutores de Intereconomía TV, una cadena que ha demostrado esta semana un excelente olfato periodístico por su amplia cobertura desde Sol del fenómeno 15-M, han sido sistemáticamente hostigados mientras realizaban su trabajo. Periodistas de Libertad Digital y la Cadena COPE también tuvieron que abandonar la concentración un día increpados por estos manifestantes supuestamente pacíficos.

En las últimas horas, los organizadores de la ‘Spanish revolution’ han comunicado que no van a permitir que las cámaras de televisión accedan a determinados puntos de la carpa instalada en la Puerta del Sol. Como decía ayer una ingeniosa tuitera, ¿qué será lo próximo? ¿la distribución a la prensa de imágenes oficiales editadas o las ruedas de prensa sin preguntas?

Nada de esto me parece bien. Es lo único que quería decir.

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