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Tribuna libre

Cerveza con tabasco made in Bertín Osborne

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La entrevista de Bertín Osborne a Pedro Sánchez, el pasado miércoles, en el programa “En tu casa o en la mía” es un hito exitoso más para el propio Bertín.


Un artículo de...

Javier Arnal
Javier Arnal

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Osborne está demostrando con este programa que conecta con la audiencia, sea quien sea el invitado, y esta vez no se lo estropeó un político, a quienes califica el propio Bertín como “ladrillos” en general para una entrevista.

Fui uno de los 3,7 millones de espectadores, con un 20% de audiencia, el tercer programa más seguido de los que ha llevado a cabo hasta ahora el polifacético Osborne, tras Los Morancos y El Cordobés. No supera el socialista a los “famosos”, y la incógnita ahora es la audiencia que tendrá el próximo miércoles Mariano Rajoy.

No acepto las críticas que le están lloviendo a Bertín Osborne por parte de la SER. Puede deberse a la envidia o el cainismo periodístico, pero descalificar a Bertín por ser un personaje trasnochado, caducado y enemigo de la memoria histórica no cuadra con el éxito de audiencia, y pienso que los periodistas de la SER ganarían si no entran en la descalificación.

Conocí a Bertín Osborne en un campeonato de pádel, deporte que tanto nos gusta a él y a mí, y no se nos da mal. Fue en Torre Belver, un club deportivo cercano a la localidad castellonense de Benicássim, en el verano de 2001.

El Pro-Am es una fórmula que funciona: en aquella ocasión, una jugadora profesional de pádel con un amateur, entre los que estábamos periodistas – Luis Herrero, Melchor Miralles, que veraneaban y veranean en la zona -, políticos como Eduardo Zaplana – entonces presidente de la Generalitat Valenciana – y empresarios como José Mayor Oreja – hermano de Jaime- o Fernando Roig. Bertín también participó y demostró que juega bien al pádel y que se mueve como pez en el agua en un ambiente de relaciones públicas con su simpatía y espontaneidad, pese a la gran rodillera que entonces llevaba. Hablando con él no sentías que tuviera ganas de aparentar, es oportuno y se pasa bien con él, cualidades nada despreciables.

Para quien tenga curiosidad, a Eduardo Zaplana le adjudicaron como pareja a Carolina Navarro, número 1 del mundo en aquella fecha, pero la pareja Zaplana-Navarro se quedó a las puertas de la final.

Como conocí a Bertín Osborne, le vi la noche del miércoles con el líder del PSOE. A punto de cumplir 61 años, el cantante-presentador está logrando sintonizar con un programa humano, cercano, amable, en el que intenta penetrar en la intimidad del entrevistado, y lo consigue.

Bertín es un aristócrata, que se ha forjado una trayectoria profesional variopinta por méritos propios, y que recoge el sentir de la calle en este programa. Nada es artificioso, y sabe sacar jugo de un peloteo de ping-pong como nadie.

Al comienzo del programa, tal vez un exceso de carcajadas por parte de los dos. Conforme avanzaba, la naturalidad ganaba enteros. Pero tanto uno como otro pueden sentirse satisfechos de la entrevista.

En el “debe” de Pedro Sánchez, su reacción al mencionarle Sofico y que dijera que le sonaba: la quiebra del Grupo Sofico, en un licenciado en Económicas y aspirante a la Moncloa, debería figurar en su formación histórica, profesional y social. Luego, su reacción ante la hipótesis de que una hija fuera del PP, y expresando que le reorientaría, en un tic chistoso que destila autoritarismo. Otro aspecto es la insistencia – de él, y de Bertín – en lo guapos que son. O albergar alguna duda de si la entrevista a Rajoy sería en casa de Osborne ¡no iba a ser en la Moncloa, hombre! Excesos y carencias.

En el “haber” de Pedro Sánchez su sensibilidad hacia los discapacitados, la sencillez de su carencia de camisas, sus batallas profesionales y políticas narradas con naturalidad, y desde luego más facetas humanas. Era lógico que no abundara en cuestiones políticas, por las que pasó con generalidades. Y tuvo el mérito de hacer contar a Bertín muchas cosas de su ajetreada vida.

Bertín Osborne es original, tiene chispa, originalidad, y la mezcla cerveza-tabasco – que no pienso probar – es una manifestación más de su espontaneidad, arriesgándose con humor a perder la patente.

Motivos tiene Pedro Sánchez para estar satisfecho de ese programa. Logró empatía, transmitir sentimientos, suscitar emociones familiares y de todo tipo. Ahora queda por ver cómo se desenvuelve el miércoles próximo Mariano Rajoy.

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