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China-Taiwán: ¿Una cita histórica en Singapur?

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El 7 de noviembre de 2015 pasó a la Historia como  el día de la primera entrevista entre los presidentes de China, Xi Jinping, y de Taiwan, Ma Ying-yeou, que a su vez son los líderes de sus respectivos partidos, el partido comunista chino y el partido nacionalista (Kuomintang).

Un artículo de...

Antonio Rubio
Antonio Rubio

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Una cita en el suntuoso hotel Shangri-La, de Singapur, ha llevado a los medios informativos a desempolvar una imagen de setenta años atrás: la de Mao y Chiang kai-shek, los dirigentes históricos de esas mismas formaciones, que un 27 de agosto de 1945 brindaban por la derrota japonesa en la II Guerra Mundial. Aquella foto solo representó una ilusión de paz destinada a caer pronto en el olvido, pese a los esfuerzos de la Administración Truman de reconciliar a ambas partes y evitar otra guerra civil. El resto de la historia es bien conocido: tras la victoria de los comunistas y la proclamación de la República Popular de China, los líderes del Kuomintang se refugiaron en la isla de Taiwan, donde han mantenido hasta ahora la denominación oficial de República de China.

¿Por qué la imagen de Xi y Ma en Singapur puede ser objeto de similar olvido que aquella en la que aparecen sus antecesores? Sobre todo, porque el taiwanés Ma no puede presentarse a la reelección en las presidenciales de enero, y porque la candidata favorita en todos los sondeos es Tsai Ing-wen, que está al frente del Partido Demócrata Progresista (DPP, en sus siglas en inglés), y que siempre se ha caracterizado por defender la singularidad de Taiwán frente al continente. Tsai y sus seguidores no consideran que Taiwán forme parte de China, ni que esté destinada a asociarse o unirse a la República Popular. Sin embargo, los presidentes Xi y Ma no descartan una mayor vinculación entre sus dos entidades políticas partiendo de la idea de “un país, dos sistemas”, puesta en marcha por Deng Xiaoping, y que fue útil en su momento para reintegrar Hong Kong y Macao a la soberanía china. Es probable incluso que algún diplomático chino  o taiwanés, mientras los nacionalistas sigan gobernando, esgrima un documento político del pasado: la Declaración de las Potencias Aliadas de El Cairo, suscrita el 1 de diciembre de 1943. Entre otras cosas, la Declaración señala que Japón había arrebatado por la fuerza a China diversos territorios como Manchuria, las islas de los Pescadores y Formosa (Taiwán). Esta mención supondría un reconocimiento implícito de que dichos territorios eran previamente chinos, y en un documento suscrito nada menos que por Roosevelt, Stalin y Churchill. Dada la evolución de los hechos,  el Departamento de Estado norteamericano declaró unos años después que el texto era únicamente una declaración de intenciones, aunque no un reconocimiento expreso de la soberanía china.

Tsai, la candidata a la presidencia del DPP, ha criticado la reunión porque es una forma de coaccionar al electorado taiwanés, de decirle que si no votan al candidato oficialista del Kuomintang, asistiremos a una reacción hostil de China, que tiene sus antecedentes en una serie de maniobras militares de Pekín, en los estrechos que separan la isla del continente,  durante la presidencia de Chen shui bian (2000-2008), el primer jefe de Estado procedente del DPP. Ha sido una oportunidad para Tsai de hacer campaña y ofrecer una imagen del presidente Ma como la del político dispuesto a entregar Taiwán a China. Por lo demás, los nacionalistas taiwaneses tienen motivos para preocuparse: perdieron en 2014 las elecciones locales, y pueden perder en 2016 las presidenciales y las legislativas. Muchos interpretan la cita de Singapur como una oportunidad de vender la candidatura de un partido, el Kuomintang, como la del único que mantendría una buena relación con China, también, por supuesto, en el ámbito económico. Por el contrario, el DPP es terriblemente proteccionista frente a la entrada de productos chinos.

No queremos creer que un gobierno de los demócratas progresistas en Taiwan cometa la locura de proclamar de iure la independencia de la isla, pues saben que darían a los comunistas chinos un pretexto para la anexión por la fuerza. Sin embargo, la tensión militar en los estrechos y las sonadas discrepancias políticas pueden estar garantizadas en los próximos años. Es cierto que el futuro gobierno del DPP esgrimirá en su discurso los ideales de la democracia y los derechos humanos, junto con la soberanía nacional de Taiwan, pero en las actuales circunstancias es preferible la actual situación de independencia de facto. Y tampoco deberían hacerse ilusiones en que EEUU iría a la guerra con China por la defensa de la soberanía de Taiwan. A Washington le conviene desactivar cualquier foco de conflicto. Ya lo hizo la Administración Eisenhower en 1958, cuando no quiso responder a las provocaciones de la China maoísta en los estrechos.

Con semejantes perspectivas, el encuentro de Xi y Ma en Singapur no dejará de ser otra anécdota histórica, de esas que hay que buscar con detenimiento en la profusa información de los manuales de Historia.

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