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Tribuna libre

Compleja situación en América Latina

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Muchos pueblos que van desde el Río Bravo hasta la Patagonia continúan manipulados para beneficio del egoísmo por el poder absoluto.

América Latina avanzó notablemente en los últimos decenios del Siglo XX por la senda hacia la democracia. Las sangrientas tiranías militares, el intervencionismo de las grandes potencias, así como los conflictos armados entre las naciones y al interior de ellas, habían perecido al fragor de los esfuerzos de los respectivos países y la influencia de la atmósfera internacional. Las guerrillas han sido acorraladas, y se colabora en la persecución del narcotráfico y el terrorismo. El ambiente de cooperación e integración parecía avanzar sólidamente. 

Pero los caudillos son una casta enraizada durante siglos; herencia de los ancestros, colonizadores y esclavos, que conformaron nuestras nacionalidades. El fin de la Guerra Fría parecía que alejaría de los brotes de megalomanía a los países desde el Norte a partir del Río Bravo hasta el Sur en la Patagonia, incluyendo las islas del Caribe, para bien de los pueblos necesitados de paz con democracia, a fin de desarrollarse y salir de paupérrimos niveles de vida y desigualdad. Demasiado idílico aún para ser de estas tierras. Los pueblos continúan manipulados en muchas naciones para beneficio del egoísmo por el poder absoluto.

El Teniente Coronel Hugo Chávez inició su carrera política con un intento de golpe de estado en Venezuela, pero aprovechó los beneficios democráticos que brindaban los tiempos finiseculares. Iguales derroteros siguieron Evo Morales, con su masa indígena sublimada y su coca nutritiva en Bolivia, y Rafael Correa, playboy con cara de bueno en Ecuador, a los que se unió el reciclado Daniel Ortega en Nicaragua. Crearon el Acuerdo Bolivariano para las Américas (ALBA) para la complementación económica y la cooperación –entendida la subversión. Sus sospechosos vínculos con la narco guerrilla de las FARC han creado una situación muy complicada para Colombia, donde el Presidente Álvaro Uribe ha desplegado gran inteligencia y mano dura con progreso en la seguridad ciudadana, la progresiva destrucción de la insurgencia y la liberación espectacular de rehenes, entre ellos Ingrid Betancourt –a pesar de la intromisión de Chávez, y el laiser faire del ecuatoriano.

Pero la injerencia con las “ayudas” petroleras, las campanas de alfabetización y la asistencia médica causaron pavor en algunos países, y el pánico cundió luego de presenciar la Cumbre de las Américas en Tegucigalpa y el Presidente Zelaya pretender reelegirse mediante los cambios constitucionales, procurando copiar a sus mentores. Honduras inició la senda democrática tan recientemente como la década de 1980; únicamente había tenido experiencia prolongada de dictaduras militares y familias oligarcas, como la de Zelaya. Cometieron un disparate demodé con el golpe de estado, y posiblemente creyeron que salvarían la situación con el envío sano y salvo del mandatario a Costa Rica. Craso error, han complicado tremenda e inoportunamente la situación en todas las Américas. Resulta que Chávez olvidó que él fue un connotado golpista y ni siquiera es posible paralizar su verborrea recordándoselo.

El ambiente ya estaba caldeado por la ruptura de relaciones de Ecuador con Colombia, iniciado por la destrucción de un importante campamento guerrillero en el lado ecuatoriano de la frontera, y la tercera gran crisis entre Chávez y Uribe ahora bajo el pretexto de la utilización de bases colombianas por Estados Unidos. Los tres países comparten miles de kilómetros de fronteras escurridizas por las selvas, y fuertes vínculos económicos y comerciales. El peligro de confrontación armada tiene en ascuas a los colindantes, el negociador Brasil y el Perú solidario con el colombiano. 

Asfixiar a Uribe es un propósito evidente de los integrantes del ALBA desde hace tiempo. Ahora los mandatarios de la región corren el telón a los cohetes nucleares soviéticos en Cuba que pusieron al mundo al borde de una guerra; de las bases navales, aéreas y de inteligencia en el archipiélago cubano. Se olvidan de que Chávez tiene acuerdos estratégicos con Rusia e Irán. No ven los ejercicios navales ruso-venezolanos, con submarino nuclear de visita. El heredero de Doña Bárbara ha estado inmerso en la modernización y expansión de las fuerzas armadas; entre 2005-2008 adquirió por unos 4.400 millones de dólares; en septiembre de ese último año recibió una línea de crédito por 1.000 millones para material militar. Abarcan 100 000 fusiles de asalto Kalashnikov AK-47, 24 aviones Sukhoi Su con armamento, 5 000 fusiles Dragunov de alta precisión y la construcción de centros de adiestramiento y mantenimiento e Equipos en Venezuela. Ahora aduce las bases militares que Estados Unidos se propone utilizar en Colombia para anunciar que concretará en septiembre una nueva compra de armamentos al Kremlin.

El Presidente Uribe, ante el revuelo surgido por las 7 bases militares colombianas, cuyas facilidades Estados Unidos procura utilizar para luchar contra el narcotráfico, sin que constituyan bases propias permanentes, según manifestara el General Jim Jones, consejero de Seguridad Nacional del presidente Obama a comienzos de agosto en Brasil, y el propósito de algunos mandatarios de condenarlo en la próxima reunión de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), realizó un meteórico periplo de tres días a 7 países miembros. Brasil, padre de la integración tranquila, a través del Ministro Amorín reconoció que “su gobierno expresó preocupación a Uribe por el acuerdo con EE UU porque es materia de soberanía colombiana, siempre y cuando los datos generales de los que se disponga sean compatibles con la delimitación de las acciones al territorio colombiano.” Argentina y Uruguay cuestionaron el acuerdo, y Bolivia fue militantemente crítica. Chile evidenció sintonía entre Bachelet y Uribe, y matizó las preocupaciones iniciales con la declaración del Canciller de que “hay que respetar las decisiones soberanas”. Perú mostró total apoyo, mientras Paraguay aceptó el acuerdo con cierto matiz, al expresar el Ministro de Exteriores que “las decisiones son autónomas y soberanas de cada país”, aunque pidió que “ese tipo de iniciativas tengan la garantía de que eventualmente no pongan en riesgo la seguridad de países vecinos.”

Siguieron retos de Chávez para que Uribe asistiera a la cumbre de UNASUR, que se efectuaría en Ecuador el 10 de agosto, coincidiendo con la reincidente toma de posesión del Presidente Rafael Correa, quien también asumiría la presidencia pro tempore de la organización, que en su primer año fue manejada por su homóloga Bachelet. Por supuesto, el mandatario colombiano no asistió a la encerrona que ya había sorteado con su gira, y conocedor de que no habría el consenso indispensable de los 12 países miembros para condenarlo en el encuentro. Indudablemente sus argumentos llevaban el peso de la nueva política de entendimiento y colaboración iniciada por el Presidente Obama.

Merece detenerse en la actitud oportunista de Correa en relación con UNASUR. En octubre de 2008 expresó que su creación era  “un error estratégico” porque todas sus decisiones se adoptaban por consenso. En enero del presente año, en la Universidad de La Habana, manifestó que “algunos países de América Latina, de Suramérica sobre todo, no quieren la integración, te paralizan todo desde UNASUR”, que evocaba a Colombia. El acuerdo había sido impulsado por Brasil ese año, luego de la crisis causada por la incursión colombiana en territorio ecuatoriano al campamento del número dos de las FARC, Raúl Reyes. Bajo la conducción de Bachelet medió en la crisis interna de Bolivia, y se han creado tres consejos: energético, de salud y el Consejo Suramericano de Defensa (CSD). En el último encuentro, se abordó la formación de otros cuatro órganos ministeriales para desarrollo social, cultura y educación, infraestructuras y combate contra el narcotráfico. Existen muy bien fundadas dudas de que bajo la batuta de Correa y la interferencia del ALBA esta organización se consolide.

Por su parte Cuba, sosegada en comparación con otros tiempos, inmersa en la consolidación doméstica e internacional del Presidente Raúl Castro, avanza a paso acelerado, aprovechando el proceso integrador de América Latina con la incorporación al Grupo de Río; el levantamiento de la suspensión a su gobierno por la Organización de Estados Americanos de 1961, gracias al apoyo de los dignatarios confiados en “domar la fierecilla” y de los aliados conocedores de los verdaderos propósitos; junto a la exigencia al nuevo Presidente Obama de que elimine el embargo –contraproducente y útil al gobierno cubano para justificar la subversión en el extranjero, así como la ineficiencia, el totalitarismo y la represión interna. No obstante, ya en Quito retomó sus tradicionales ataques, durante un acto luego de la inauguración presidencial.

La complicación del ambiente político latinoamericano coincide con los embates de la crisis económica internacional, agudizada los efectos de la gripe H1 N1. También como se solucione el conflicto interno en Honduras, definirá el precedente para bien o para mal en el futuro de la región. El populismo manipula a las poblaciones que se sumergen más en el desempleo y la pobreza, caldo de cultivo para los extremos desestabilizadores, desde el narcotráfico al terrorismo, y los elementos ultras de cualquier signo.

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