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Tribuna libre

Contrastes en la Diada

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Que el máximo responsable de un club de futbol como el Barcelona, Jon Laporta, se coloque en la pancarta de una manifestación convocada por varias asociaciones independentistas, no deja de tener su aquel.

Cuando todo el mundo pensaba que este año la celebración de la “Diada” de Cataluña iba a estar marcada por las reivindicaciones de carácter soberanista y de defensa del actual Estatuto de Autonomía, pendiente todavía de la sentencia que debe dictar el Tribunal Constitucional, resulta que no ha sido así, sino que los problemas reales de la gente son los que acapararon dicha celebración.

El grito o consigna de “mas trabajo y menos Estatuto” proferido por cientos de trabajadores de las empresas Nissan y Roca afectados por sendos expedientes de regulación de empleo, cuando los miembros del actual Gobierno tripartito depositaban la tradicional ofrenda de flores delante del monumento de Rafael Casanova, resume de forma certera la distancia que muchas veces existe entre la política-ficción cultivada por los gobernantes y la política-real, la de los ciudadanos de a pié, a los que la simbología o los sentimientos nacionalistas les importa mas bien poco, por no decir nada, cuando de un problema tan grave como estar en el paro se trata.

No fue esta la única “anormalidad” en la Diada. Que el máximo responsable de un club de futbol como el Barcelona, Jon Laporta, se coloque en la pancarta de una manifestación convocada por varias asociaciones independentistas, no deja de tener su aquel. ¿Se imaginan ustedes el escándalo que se organizaría si, por ejemplo, el Presidente del Real Madrid, encabezara una manifestación de Falange Española? Laporta puede tener las ideas políticas que quiera, ¡faltaría mas!, pero no es de recibo que se aproveche de su condición de Presidente del Barca, para hacer política, para hacer ostentación de su ideología independentista. Y si fuera consecuente hasta el final, el señor Laporta estaría exigiendo la creación de una Liga Catalana de futbol y se negaría a que su club jugase la Liga Española. ¿Hay algún temor, por ejemplo, a no llenar el Camp Nou con el Mollerussa o con el Lleida, para no ser más exigentes en esa reivindicación?

Tampoco podía faltar en la Diada, lo cutre, lo zafio, lo faltón por parte de esos niñatos radicales y con muy poco cerebro, que se creen más hombres, más independentistas y mas realizados, quemando un retrato del Rey o una bandera española. Además lo hacen con lo cara cubierta con una capucha, porque en el fondo son unos cobardes. Tienen miedo a enfrentarse con las consecuencias de sus actos.

En definitiva, tendrían que ser los propios catalanes, independientemente de su ideología, los que no estuvieran nada satisfechos con el espectáculo dado el pasado día 11. ¿Dónde queda esa imagen de modernidad de la que tanto presume Cataluña? ¿Y el seny? La guinda a todo este desaguisado la puso el dirigente de Unió Democrática de Cataluña, Duran Lleida, cuando destacó que por primera vez en muchos años, los abucheos a las autoridades fueron en castellano. ¿Qué consecuencias de calado para el futuro de Cataluña y para los trabadores en paro se pueden sacar de esta afirmación tan “profunda” de este responsable político?

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