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Tribuna libre

Crisis y conciliación trabajo-familia

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Y es aquí donde todos nos hemos de implicar, pues ¡es tan difícil la pretendida conciliación entre vida familiar y laboral! Y es tan vital conseguirlo.

Mi amigo Nacho vuelve a explicarme inquietudes a pie de familia, que es a pie de calle, a pie de sociedad civil. O sea de aquello que es preciso que esté bien priorizado si de verdad se quiere, desde los diversos cargos públicos, atender las necesidades de nuestros conciudadanos.

El caso es que su esposa le insiste en que no ve por ningún lado una adecuada política de protección a la familia. Al contrario, se promocionan familias de crisis: “¿Cómo vas a tener más de un hijo en los tiempos que corren?”, le comentan.

La cuestión es que, me dice Carla, la esposa de Nacho, que el 49 por ciento de las mujeres españolas que trabajan no tienen hijos, un 27 por ciento tiene un sólo hijo, un 20 por ciento dos y sólo un 4 por ciento tiene tres o más. A lo que es preciso añadir que en España tenemos los niveles más bajos de protección a la maternidad, junto con Portugal y Grecia. (Tremendas las coincidencias en lo económico, ¿verdad?)

Por otro lado, Noruega, Finlandia y Dinamarca dan un apoyo directísimo y decidido a la maternidad, pues la consideran necesaria para el crecimiento económico. No olvidemos que las bajas remuneradas por maternidad en estos países son hasta de un año, frente a las 16 semanas de España. Además, allí los contratos a tiempo parcial para los primeros años de vida del hijo son mucho más frecuentes. ¡Qué tremenda coincidencia entre países también con los informes PISA, sobre calidad educativa! ¿Verdad?

Carla pide que se puedan ampliar los períodos de baja por maternidad y entiende que un país demográficamente pobre, es un país condenado a la pobreza.

Ella no se conforma, pues estos problemas para conciliar vida laboral y familiar han situado a España entre los países con mayor discriminación laboral de las mujeres con hijos, hasta el punto de que el 85 por ciento de las españolas que trabajan han renunciado a tener un hijo más por motivos laborales. ¡Y eso es tremendamente injusto!

Frente a un individualismo radical, esta amiga defiende poder construir sociedades abiertas, generosas, que no se conforman con una endogamia del hedonismo, que a poco que nos descuidemos nos mete en una vorágine salvaje e inhumana.

Por alusiones, salta mi amigo Nacho afirmando que existe un patrimonio vital, en el que los padres de familia hemos de intervenir, hemos de tomarnos en serio el beneficio cotidiano que para todos significa la entrega a los hijos, y al cónyuge, claro. Esa herencia inmaterial es fortaleza y orgullo, es alegría y pasión.

No puedo estar más de acuerdo con ellos. Me han recordado aquello del dinamismo de la correspondencia, saberse receptor de dones y capaces de ser agradecidos, pues no es posible que una sociedad moderna produzca los bienes, referencias y claves que requiere para operar, sin el concurso de la familia como referente principal.

Recordemos que las empresas que toman conciencia de la necesidad de la conciliación ya están comprobando que las medidas adoptadas ayudan a combatir el absentismo, la rotación de trabajadores, además de favorecer la fidelización y retener talento.

Y es aquí donde todos nos hemos de implicar, pues ¡es tan difícil la pretendida conciliación entre vida familiar y laboral! Y es tan vital conseguirlo: Niños que cenan tardísimo porque papá y mamá llegan a las tantas del trabajo, eternas jornadas laborales que son lo peor para una buena competitividad, directivos egocéntricos que ignoran las dinámicas de la vida familiar... Nadie está diciendo que se ha de trabajar menos, pero sí que se puede trabajar de forma distinta. ¿O no?

Pero Nacho y Carla también piensan en los demás, tienen la inmensa fortuna de trabajar los dos, y se sublevan al ver que muchos políticos, por negar la realidad y disimular los problemas que tiene nuestro país, nos tienen en el pozo de la inseguridad laboral y el desempleo crónico.

A grandes males, grandes remedios. Pues, venga, a construir una salida clara a la crisis. Con un plan bien delimitado y sabio en las prioridades, conscientes de que en algún caso pueda necesitar sacrificios por el bien común.

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