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Cruel Europa, crueles los europeos

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No es justificable la tardanza de unos y otros, por mucho que haya ocurrido en verano. Las tragedias no saben de vacaciones, o no deberían saber.

Un artículo de...

Javier Arnal
Javier Arnal

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            Las diarias imágenes y noticias de los cientos de miles de refugiados de Siria, Irak o Afganistán que están llegando a Europa son la vergüenza de Europa. Ante un fenómeno previsible y fomentado desde hace tiempo por el autodenominado Estado Islámico, Europa manifiesta su incapacidad para coordinar acciones humanitarias,  y  sólo obligada cuando se ha encontrado en su suelo  con esos cientos de miles de refugiados.

            La falta de cooperación para resolver este drama la achacamos exclusivamente a los gobiernos, a la Unión Europea, pero también hay que valorar la crueldad de los europeos, de los ciudadanos individuales o agrupados, que hemos reaccionado muy tarde, y todavía a base de palabras solamente.

            Mariano Rajoy ha dicho que España podría aumentar la acogida de refugiados hasta 2.739,  supeditada a ciertas condiciones, que en definitiva es reclamar la acción concertada de los gobiernos. A mí me parece insuficiente lo que propone Rajoy, que sobre todo traslada a Grecia e Italia el problema.

            Ada Colau en Barcelona, Compromís en la Comunidad Valenciana, han pedido a Rajoy un mayor esfuerzo, e incluso elaborar un censo de familias y ONG dispuestas a alojar a refugiados.

            No es justificable la tardanza de unos y otros, por mucho que haya ocurrido en verano. Las tragedias no saben de vacaciones, o no deberían saber.

            Resulta llamativo que un país como Hungría, que sufrió la dictadura comunista y la falta de libertad y derechos humanos básicos, esté siendo la más dura con los refugiados. Hungría ha levantado en dos meses una valla de 170 kilómetros, para evitar que entren en su país esos refugiados que huyen de la muerte, invirtiendo 30 millones de euros. Tal esfuerzo económico húngaro no se ha hecho para dar a los refugiados ningún tipo de ayuda, y además se plantea las medidas más duras, como es encarcelarlos.   

La valla lleva construyéndose dos meses,  71 cadáveres en un camión de 5 metros. Ahora parecen despertar algunos países de Europa, como es el caso de Francia, avergonzada por la actitud húngara y, en general, de toda Europa.

            Todos los países europeos pendientes de Angela Merkel,  que primero dio largas y ahora se muestra decidida a buscar soluciones, por supuesto escudándose en que los demás países cumplan proporcionalmente. Ya lo ve preciso, y se celebrará una cumbre europea el 14 de septiembre.

            Ahora parecen reaccionar verbalmente – no con medidas eficaces – Alemania, Francia y Reino Unido, alarmados ya ante la magnitud de la tragedia, de unos cientos de miles de personas desesperadas que se dirigen a Alemania y los países nórdicos, buscando empleo y una vida digna. En Hungría no piensan quedarse, pero los húngaros abanderan la falta de humanidad.

            Esta tragedia nos lleva a reflexionar y actuar. He escuchado a algunos afirmar – en voz baja, por supuesto - que los refugiados no deberían venir, “que se maten entre ellos en su país”, o que lo que se quiere evitar es que Europa se llene de musulmanes.  Incluso Croacia se ha atrevido a declarar que puede admitir cierto número de refugiados, con la condición de que sean cristianos. Es intolerable discriminar por la religión, tanto por parte de los ciudadanos como por parte de ciertos gobiernos.

La actitud de los gobiernos confirma esa crueldad europea, y encuentra un caldo de cultivo inmejorable en la falta de presión de la opinión pública, de la sociedad civil, de los ciudadanos. No dejemos todo, como siempre, en manos de las instituciones o de los gobiernos, porque es una anestesia injustificable.

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