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Tribuna libre

Cuba, desventuras en la construcción

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Existe gran diferencia entre los salarios pagados por el Estado cubano a albañiles, carpinteros, plomeros o electricistas, y lo que pueden cobrar haciendo trabajos ilegales.

El comentarista de la televisión cubana, especializado en temas económicos, Ariel Terrero se refirió, a mediados de octubre, al éxodo de la mano de obra en la construcción. Unos 11 mil constructores, según el periodista, abandonaron el sector en los últimos 4 años, 5 mil de ellos en los 12 meses anteriores a marzo de 2008, y la tendencia se mantiene muy fuerte, a pesar de la política del gobierno de estímulo mediante un sistema de pago por resultados, que en teoría debería propiciar mejores ingresos a los trabajadores.  

El 26 de agosto pasado, el periódico Granma también abordó el problema del déficit de mano de obra en la construcción presente hasta en el priorizado programa inversionista de la “Batalla de Ideas”, que tuvo carencia de 3 982 trabajadores en mayo y 3 732 en junio. El salario como promedio era  de 497 pesos mensuales, o sea 24.85 dólares US; un 21,8% superior a la media del país de 408 pesos al cierre del 2007, según el Anuario Estadístico de ese año,     

No obstante, existe un creciente rechazo a trabajar en las construcciones estatales. Entre los factores que pudieran estar incidiendo, reconocidos oficialmente, están la desorganización en las obras; un deficiente aseguramiento material, incluidas carencias de herramientas y medios de protección; las baja calidad de muchos insumos; mala alimentación y condiciones insatisfactorias en los campamentos donde residen los trabajadores; malos ejemplos de los jefes, a su vez, cambiados con frecuencia. Todo lo cual repercute en falta de control, reducida productividad y pérdida de tiempo

Hay que resaltar que, aunque la idea de pago por resultado no es inadecuada, en la práctica no funciona por la carencia de abastecimientos y el desorden existente. Los problemas son álgidos en la ciudad de La Habana, donde los planes de construcción son mayores, y los obreros desde hace años proceden del interior del país, especialmente del extremo más oriental, debido al rechazo de los capitalinos a laborar en las duras labores de la construcción, al considerarlas mal retribuidas.

En adición, existe gran diferencia entre los salarios pagados por el Estado a albañiles, carpinteros, plomeros, electricistas y otros, y lo que pueden cobrar haciendo trabajos particulares ilegales, hecho que contribuye al éxodo. Asimismo, a pesar de percibirse en la esfera estatal mayores ingresos en  términos  relativos   que en otras ramas,   son   insuficientes para llevar una vida digna. Además, se reciben los salarios  en la depreciada moneda nacional que no puede utilizarse en la mayoría de las tiendas del propio Estado, las cuales ofertan sus artículos en pesos convertibles (CUC).

La insuficiencia de los salarios y el desorden en la construcción ha motivado también el robo en gran escala en las obras, lo cual se reconoce oficialmente. Como señalara el Dr. Carlos Lages recientemente, ¨quien se roba una caja de azulejos, gana con su venta ilícita el salario del mes…Y hay un asedio grande por parte de la población a las obras (para adquirirlos)¨. Así sucede con el cemento y la mayoría de los materiales para la construcción.

Todo lo anterior se traduce en la demora interminable de las obras, que al concluirse tienen grandes deficiencias, por lo que es difícil encontrar una inversión en que no se filtre el techo,  tenga problemas de desagüe y de plomería en general, así como carezca de múltiples defectos de terminación. Desde hace años, se aprecia una continuada disminución de obras terminadas (100,0 millones de pesos menos en el 2007 respecto al 2006) y el incremento de las que están en proceso de construcción, lo que lleva al congelamiento durante años de importantes recursos que con el prolongado tiempo de inmovilización quedan deteriorados, con posteriores efectos nocivos sobre la calidad de los proyectos.

En adición en el 2007, el sector de la construcción minoró su actividad en un 8,6% con respecto al año anterior. A mediados del 2008, el plan inicial ha sido revisado a la baja, debido a la carencia de recursos materiales y humanos. 

Al poco interés para trabajar en la construcción,   actividad exigente, dura y riesgosa, se une una bajísima productividad. Resulta muy preocupante esa situación en estos momentos cuando la demanda es mayor a causa de las destrucciones dejadas por los huracanes Gustav y Ike, a fines de agosto e inicios de septiembre pasados. Alrededor de 500 000 viviendas fueron afectadas parcial o totalmente, cuando todavía están por resolverse destrozos al fondo habitacional por ciclones de años anteriores. A ello se agregan efectos devastadores sobre la infraestructura, hospitales, escuelas, industrias y otros. El plan de construcción del 2008 es de 50 000 viviendas, ya insignificante para cubrir el déficit habitacional de 500 000 unidades calculado oficialmente antes de los desastres naturales.

Como se puede apreciar, la situación era dramática, pero la gravedad se ha incrementado exponencialmente, lo cual repercute en sufrimientos inmensos para la población y el continuo crecimiento de las villas miserias y la promiscuidad, donde precisamente no florece la virtud.

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