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Si te desnudas, que seas tú

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Al pensar cuerpos desnudos podemos repasar distintas imágenes: amontonados antes de ser incinerados en campos de concentración, tumbado en una camilla quirúrgica, de las chicas de Femen manifestándose en la calle, fotografías artísticas de mucha belleza, pintura, escultura, niños pequeños corriendo por la piscina, duchas de vestuario, pornografía, cuerpos desnudos en la playa…


Un artículo de...

Carlos Chiclana
Carlos Chiclana

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Cuerpos de tamaños y formas variadas, atractivos o poco agradables. Todos bellos si pertenecen a alguien, a una persona, si es la manifestación de un yo auténtico y el desnudo comunica algo humano.

Parece que el desnudo en sí no es más que eso, un cuerpo desnudo. Y a la vez puede ser mucho más: horror, tortura, arte, desprecio, seducción, juego, inocencia, agresión, intimidad…

Unos pechos son unos pechos, o no. No es lo mismo un pecho de una madre amamantando a su hijo, un pecho que va a ser cortado por una cirugía, un pecho con una pintada insultante, un pecho de alguien que te seduce sexualmente.

Asociar desnudo a sexo es un reduccionismo que nos puede hacer perdernos mucho de lo que allí está ocurriendo, de quién se está manifestando, de qué nos está proponiendo. Además del calor del verano ¿por qué tantas ganas de desnudarse, del día sin bañador o de las reivindicaciones nudistas?

Me da la sensación de que el desnudo propuesto encierra más misterio del que parece. Creo que es consecuencia de la búsqueda de seguridad y del afán por volver a la inocencia infantil.

El desnudo te hace consciente de tu vulnerabilidad. No es lo mismo desnudarse seduciendo que te desnuden para humillarte. Desnudarse ante otros podría ser un modo de protegerse.

Sería precisamente el desnudo el modo de decir “no vas a entrar en mi intimidad, esto es todo lo que vas a conseguir, ver carne, al igual que la podrías ver en una camilla de quirófano, por mucho que mires jamás sabrás quién soy”.

El desnudo sería una máscara, una coraza que me da seguridad, un envoltorio de mi verdadera intimidad, aunque parezca que “se me ve todo”, en el fondo no se me ve nada ni sabes quién soy. Podría ser también un modo de afirmarse: “yo dispongo de mi cuerpo, no eres tú quien me dice cuándo ni cómo me desnudo”.

También podría ser una manera de buscar el modo de volver a la inocencia de la infancia. Que los niños se desnuden no escandaliza a nadie ni supone una propuesta de nada más allá de estar desnudos..

Ojalá pudiéramos hacerlo así y no pasaría nada. Aunque parece que es más actuar como si fuéramos niños, al igual que los niños juegan a lo que hacen los mayores. Pero el juego no es figurado y conlleva responsabilidad sobre uno mismo, lo que expresa y cómo afecta a los demás De la verdadera inocencia pasaríamos a la puerilidad y el infantilismo, negando la evidencia. Todo lo contrario del desnudo que vale la pena.

Nada que ver con el volver a ser niños que habita Luis Rosales en La casa encendida: “He llegado a mi cuarto, igual que siempre, y al desnudarme / me siento entumecido de alegría, como si todo mi cuerpo / me sirviera de venda y me cegara / y yo estuviera siendo / de una materia casi cristal de niño / casi nieve de niño alucinado / porque todo es distinto y tú lo sabes.”. Este desnudo sería el ideal, volver a los orígenes del amor perfecto.

En una entrevista en un hospital psiquiátrico con una mujer que no terminaba de situarse, le pregunté: Carmen, viéndome aquí, en el hospital, en este despacho y con la bata puesta, yo ¿a qué me dedico? Me miró un instante a los ojos y dijo con firmeza: usted, a hacer striptease.

En varias ocasiones me he tenido que desnudar ante varias personas. Para hacer pruebas médicas. A tumba abierta o con algo más de decoro o incluso con bromitas asombrosas para ser profesionales de la salud. En esos momentos te queda claro que el desnudo tiene muchos significados y que sólo quien tu digas puede acceder a ti.

Cómo exponemos nuestro cuerpo y cómo miramos al de otros tiene algo más hondo, interesante y sugerente además del cuerpo en sí mismo. Habla del modo en que nos vinculamos, o querernos vincularnos, a esa persona: cariño, cercanía, amor, aprovechamiento, maltrato, desprecio.

Desnudarse puede ser una manera de proponer un vínculo: profesional de ayuda al médico, de agresión al ministerio, amoroso y de placer con quien amas… También puede ser herencia de una cultura familiar o social adquirida, sin más misterio, con ignorancia y sin trampa ni cartón.

Cuando alguien dice que hace topless podría parecer que está poniendo un nombre muy sofisticado a despelotarse en público, pero también puede ser que tenga mucho más contenido del que parece a primera vista. Muestra quién eres tú y quién crees que eres para el otro.

Si te desnudas que sea un acto verdadero, en el que se muestre tu verdadero yo, afectable, visible; con el que te identificas. Si te desnudas que sea para venerar tu cuerpo, el origen en uno mismo y la capacidad de generación.

Si te desnudas, que quien tengas delante aporte significado a ese acto y tu revelación sea para darte a conocer y no para poner un nuevo velo como armadura a tu intimidad o para rebelarte.

Si te desnudas, que quien vaya a contemplar esa íntima belleza tenga el paladar educado para saber captarla y tratarte con la dignidad que te mereces. Si te desnudas que sea para ser único, auténtico y diferente, no para uniformarte. Si te desnudas que sea ante alguien que pueda amarte desnudo.


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