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De Delito A Derecho

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Por arte de ‘birli birloque’. Y, por supuesto, con la gracia ‘repajolera’ que tiene la ministra Bibiana Aído. Así hemos llegado a la ley del aborto.

Degenerando como aquel torero que de banderillero llego a la política. Por arte de ‘birli birloque’. Y, por supuesto, con la gracia ‘repajolera’ que tiene la ministra Bibiana Aído. Así hemos llegado a la ley del aborto, que se ha convertido en un ‘plis-plas’ de delito en derecho.

Puede parecer un planteamiento frívolo y superficial para un asunto que, en sí mismo, es gravísimo, pero el natural de la ministra es la superficialidad, la frivolidad y sus razonamientos frívolos y superficiales.

De entrada falsea la realidad cuando dice que la mujer que abortaba, prácticamente iba a la cárcel. No es cierto. La llamada ley de indicaciones, tres supuestos, más o menos justificables que despenalizaron el aborto, tanto para las mujeres que abortaban como para los médicos que practicaban el aborto impedía que eso sucediera. Otra cosa es que aún con esos supuestos, se sigan practicando abortos ilegales, pero aún así no es fácil encontrar en las cárceles españolas una sola mujer condenada por abortar.

La gracia ‘repajolera’ de la ministra y ese crescendo degenerativo en el que ha convertido su gestión al frente del ministerio, enarbola también la bandera del progreso y de la seguridad jurídica de mujeres y médicos. Es falso que ahora con la ley actual no exista seguridad jurídica, la hay siempre y cuando la ley se cumpla y no se falseen constantemente las ‘indicaciones’ previstas en la legislación para abortar.

El arte de ‘birli birloque’ de la ministra falsea también la esencia de la libertad de la mujer para abortar al presentarla como un reivindicación largo tiempo anhelada. Lo quiera o no la ministra, por su propia naturaleza ninguna mujer quiere abortar. La que aborta arrastra un trauma psíquico de incalculables consecuencias. Y falsea Aído las consecuencias médicas del aborto al presentarlo como una simple extracción de una muela o la mínima molestia de reventar un forúnculo. Una operación menor, de las que no necesitan autorización de ningún tipo.

El caso de las niñas de 16 años es lacerante. ¿Ha pensado la ministra en la posibilidad de que hubiera padres que estuvieran de acuerdo con que su hija menor abortara? ¿se ha detenido a pensar con qué razones hurta a esos padres el derecho de ayudar a su hija en ese trance, de acompañarla e incluso proporcionarla las mejores medios clínicos para abortar?

Al parecer la única que tiene derecho a estar enterada de cuándo una niña de 16 años decide abortar es la ministra.

Y a eso le llama conseguir derechos largamente deseados y reivindicados. Y le llama progreso. Y le llama igualdad para las mujeres y hasta se permite el lujo de afirmar textualmente que ‘el aborto supone más garantía para el no nacido’ (¿?).

La ministra y sus asesores podían haberse ahorrado tiempo y esfuerzo en justificar la ley del aborto. Lo tenían muy fácil. ¿Si alguien como Bibiana Aído puede ser ministra, por qué una niña de 16 años no puede abortar sin que sus padres se enteren?

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