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Tribuna libre

Derivación regresiva

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De tanto pronunciarla, oírla y leerla, la palabra «recorte» adquiere casi la materialidad, la consistencia de un objeto.

Hay palabras que se adueñan del discurso en un momento concreto y lo saturan. Uno, si hace recuento, descubre que las ha pronunciado, oído o leído un número desproporcionado de veces a lo largo del día. Es el caso, ahora, de «recorte» en su sentido metafórico, o sea, de filos que muerden y rebanan presupuestos. Para darle concreción visual a la idea, en las manifestaciones de protesta nunca falta quien enarbola unas tijeras grandes y amenazadoras, como si estuviéramos viviendo el mal sueño, con atrezo diseñado por Dalí, del personaje de Gregory Peck en Recuerda. Allí se recortaba un ojo pintado en una tela; aquí nos recortan la tela –vienen a decirnos–, si no nos andamos con ojo.

De tanto pronunciarla, oírla y leerla, la palabra «recorte» adquiere casi la materialidad, la consistencia de un objeto. Y como tal lo toma uno entre las manos, le da vueltas, lo analiza. Su contextura fónica le proporciona casualmente, sin que intervenga la etimología, carácter de onomatopeya, de reflejo acústico. Esa combinación de vibrantes sonoras y oclusivas sordas nos deja en la boca, al articular los sonidos, el sabor de un tajo rápido y decidido en papel moneda. Raca. Un tijeretazo, y el billete que llevas en la cartera queda partido en dos. Una mitad es para ti; la otra, para enjugar el déficit.

No solo en el aspecto fónico la palabra «recorte» se empeña en ser elocuente. También en el morfológico. Pertenece a ese grupo de sustantivos que se forman mediante la denominada derivación regresiva. Es decir, no proviene de una palabra primitiva a la que se suma un sufijo que la alarga, como es lo más habitual (añadir-añadidura), sino que a esa palabra primitiva se la merma, se la reduce (recortar-recorte). Para obtener «recorte», ha habido que recortar el verbo «recortar». Tales ansias lleva implícitas de practicar la sustracción, que empieza por aplicarla rigurosamente consigo misma.

Adentrándonos por otros vericuetos que no son los de la morfología, sino los de la semántica, a la derivación regresiva podemos asignarle un significado que va más allá de lo lingüístico para dar directamente en lo político. Si «derivación» vale tanto como apartar una porción del todo, y «regresiva» quiere decir que nos hace retroceder, aquí cerramos un círculo. De nuevo nos encontramos con ese manifestante que enarbola la gran tijera porque no le parece bien que se detraiga una parte del todo presupuestario, pues lo considera un paso atrás en las condiciones de bienestar social. Que tenga razón o no, eso ya depende. Para confeccionar su icónico objeto, grande y amenazador, daliniano, también ha tenido que pegar un buen recorte. Concretamente, en el cartón. Sin recorte no hubiese tenido tijera con que protestar contra el recorte. Las conclusiones, libres.

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