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El Día Internacional de la Mujer

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El auténtico feminismo se aprecia cuando la mujer ejercita las virtudes propias de su ser original, sin tener que emprender una lucha innecesaria de competencias con el hombre.

Las Naciones Unidas establecieron el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer. El origen se remonta a la catástrofe que tuvo lugar en Nueva York en 1908. Las trabajadoras de una fábrica textil se declararon en huelga por las condiciones inhumanas en que trabajaban. Su dueño provocó un incendio causando la muerte de 129 mujeres.

Hoy en día seguimos observando que en muchos países la mujer es discriminada por el solo hecho de ser mujer. Es causa de maltratos, violencia y explotación. Se encuentra desprotegida en una sociedad que predomina el hedonismo y el utilitarismo, y es tratada como un objeto sexual y comercial.

Si bien es cierto que la sociedad ha conseguido mejorar la manera de armonizar la igualdad de los hombres y de las mujeres, aún queda mucho camino por recorrer. Los derechos de las mujeres han ido avanzando paulatinamente, se ha reconocido el valor que tienen en el mundo del trabajo, en el ámbito cultural, político y social, y naturalmente en la vida familiar.

La idea de velar por los derechos de la mujer lo plantea de una manera muy diferente el feminismo radical, que intenta desvirtuar la finalidad genuina de la promoción de la mujer. Estas corrientes de “feminismo victimista” como  lo define Christina Hoff Sommers  -en un artículo publicado en Aceprensa-, ven en la mujer a un ser humano oprimido y no quieren oír hablar de sus logros. La célebre filósofa prefiere hablar de un “feminismo de la igualdad” que vigila el cumplimiento del principio de que se establezcan las mismas oportunidades para todos. Pero, a diferencia del feminismo de género, no insiste en la igualdad de resultados. Por el contrario, la igualdad de resultados –dadas las innegables diferencias en las preferencias de hombres y mujeres– conduciría a un nuevo tipo de discriminación.

Las feministas radicales entienden que la liberalización de la mujer consiste en un cambio de roles profesionales y familiares, en el que las diferencias propias e innatas de cada sexo no se aprecien. Pretenden que las mujeres se olviden de sus cualidades y actúen como hombres. Eliminando de este modo las clases sexuales.

El auténtico feminismo se aprecia cuando la mujer ejercita las virtudes propias de su ser original, sin tener que emprender una lucha innecesaria de competencias con el hombre. Que entiende que el hombre y la mujer son iguales pero diferentes. La mujer que hace compatible el trabajo profesional con sus responsabilidades familiares, y que enriquece cualquier ocupación a través de lo característico de su ser femenino. La mujer que promueve políticas familiares que apoyan a las mujeres y a los hombres a desempeñar en la familia el sentido de maternidad y paternidad, e impulsa medidas que ayuden a conciliar el mundo familiar con el laboral. Y finalmente en el desempeño de su maternidad, tan exclusivo y natural de la mujer.

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