Lunes 11/12/2017. Actualizado 13:42h

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¿Drogas para niños?

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Considero que con nuestros hijos, alumnos y gente menuda en general, no sólo hemos de dialogar, sino observar, para ayudarles a construir elementos de protección y madurez.

En recientes conversaciones, varios colegas se han hecho eco de la idea de que los psicofármacos para niños es una moda peligrosa. No puedo dejar de dar mi opinión. Está claro que no todo niño o niña que no sea tranquilo, callado o estudioso, sin un excelente comportamiento, ni unas estupendas calificaciones, deba tener por ello un “desequilibrio químico” en el cerebro. Y digo esto, además, porque la controversia está alimentada al conocerse estudios recientes que revelan un incremento notable en el uso de psicofármacos en niños y jóvenes.

Pues sí, lo cierto es que en los últimos diez años se ha producido un aumento del 300% en las prescripciones de fármacos psiquiátricos en niños, lo que es difícilmente asumible desde un punto de vista clínico: No nos engañemos, las conductas distorsionadoras y agresivas, la depresión, la hiperactividad y la ansiedad son también un reflejo del contexto vital de nuestros niños y jóvenes. Entonces, los que no entran en los estándares de comportamiento y control definidos por los padres, escuelas o gobiernos, se transforman en “problemas” que deben solucionarse: La respuesta, en demasiadas ocasiones, es la prescripción de un fármaco.

Considero que con nuestros hijos, alumnos y gente menuda en general, no sólo hemos de dialogar, sino observar, para ayudarles a construir elementos de protección y madurez, para que se conozcan y se abran al mundo con buen ánimo y seguros de aportar mucho de positivo. En esta dinámica, sí es verdad que van a poder aparecer necesidades especiales, que habrá que atender lo antes posible. No obstante, es evidente que no se han de aplicar métodos psiquiátricos para solucionar problemas “académicos”. Como también está claro que la prescripción muy estudiada y puntual de medicación puede aumentar la eficacia de un abordaje terapéutico integral, que facilitará otras intervenciones no farmacológicas. (No olvidemos que se ha de valorar la conducta del niño dentro de su medio familiar, escolar y sociocultural: Evitar la falta de límites, la impunidad o el desapego puede ser la mejor medicina inicial).

Todos los expertos coinciden en que tan negativo es tratar de más como de menos. Es preciso evitar el mal uso o abuso de psicofármacos. Es aquí donde un tratamiento multidisciplinar ha de aparecer como clave para afrontar las dificultades graves o menos graves que en algunas criaturas pueden surgir.

Por ello, hemos de sistematizar un adecuado tratamiento psicológico, dirigido a padres e hijos; un tratamiento farmacológico, a veces de larga duración, prescrito por un médico especialista; y un tratamiento psicopedagógico, con terapias cognitivo-conductuales que ayudarán a adquirir estrategias de comportamiento y habilidades sociales.

En uno de los ejemplos más característicos, el de niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), los psiquiatras reiteran una y otra vez que arrastrar a lo largo de la infancia y adolescencia síntomas de TDAH sin resolver suficientemente, puede producir un enorme riesgo de complicaciones a medio-largo plazo, derivadas de múltiples fracasos sucesivos, inseguridad, baja autoestima y/o desadaptación.

Entonces, algo habrá que hacer. Sí, pero sin olvidar que la práctica médica razonable excluye administrar una medicación que cause más problemas de los que evite. En todo caso, se hace imprescindible aplicar de manera combinada la vía psicoterapéutica y la vía farmacológica, y ésta última sólo cuando sea de verdad imperioso. O sea, antes de empezar cualquier tratamiento siempre es necesaria una evaluación cuidadosa del estado físico y psicológico del niño, niña o adolescente; además de considerar el aspecto funcional de cada familia en concreto.

Pues venga, no perdamos energías alimentando controversias. Que nos una un objetivo común, ya que compartir nuestros conocimientos mejorará la calidad de vida de nuestros niños y jóvenes. Y, de paso, la nuestra. Para ello, nos urge una estrecha colaboración entre padres, profesionales de la educación y médicos especialistas y pediatras. Incluso, me apuntan, se hace necesaria la creación en España, como existe en casi la totalidad de la Unión Europea, de una especialidad médica expresamente para Psiquiatría Infantil y Juvenil. ¡Pues, eso!

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