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Educación sexual

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Para calmar conciencias demasiado calmables Bibiana Aido ha dicho que la ley por la extensión del aborto, que lo convierte no sólo en un derecho sino incluso en una indicación de tratamiento

Para calmar conciencias demasiado calmables la ministra de igualdad, Bibiana Aido, ha dicho que la ley por la extensión del aborto, que lo convierte no sólo en un derecho sino incluso en una indicación de tratamiento, por ejemplo, ante los embarazos adolescentes o los defectos previsibles de quienes ya son pero aún no han nacido, no es una ley del aborto sino una ley de salud sexual y reproductiva.

Es más, la perla la lanza cuando el Ministerio de Educación en conjunción con el de Sanidad nos advierte de su decisión de incidir aún más en la perversión iniciando la “formación sexual” desde los 11 años, no se sabe si para reducir aún más el tiempo inocente de la infancia o para producir nuevos suministros para los sádicos y los libertinos.

Sorprende que esta advertencia: nos proponemos lanzar una educación sexual y reproductiva que hace del aborto, es decir, del homicidio impune, el gozne central que garantiza el sexo sin consecuencias, provoque tanta tranquilidad y que quienes están haciendo lo que hacen con la Constitución del 78, y quienes han tragado cualquier cosa en su conciencia por mantener un puesto, aunque sea el inmejorable de Presidente del Congreso, se atrevan a criticar la intransigencia de quienes han advertido que hay camellos incolables y que ciertas personas no pueden considerarse, por ejemplo, católicas, después de participar en este aquelarre.

Precisamente la vinculación entre el aborto (no ya un acto mas o menos humanitario “tolerado” por el ordenamiento sino un derecho sádico sobre la vida de otro) y la educación es lo más peligroso.

Todos podemos observar lo que se esta haciendo a favor del aborto con la protección constitucional de la vida prenatal, todos sin excepción han participado en la función de convertir un principio general de dignidad y un derecho fundamental a la vida en un puro flatus vocis que cede ante todo, incluso ante el discursito frívolo pero homicida de los compañeros y compañeras. Incluso, hemos visto a antiguos democratacristianos hacer de tonto útil o de listo beneficiado en los informes de los altos órganos del Estado. Que sofisticado hay que ser para decir que nacionalidad no tiene nada que ver con nación y luego al cabo de los años decir que la conversión del aborto en derecho no rompe totalmente incluso la complaciente y débil jurisprudencia constitucional. Y luego a comulgar no quedemos mal en la boda y en el bautizo.

Si esto se hace con el derecho a la vida es fácil ver lo que ocurre con el principio de neutralidad ideológica del Estado, dentro de los principios constitucionales, y con el derecho a educar de los padres.

El Estado con ideología, que surge con fuerza de la era Zapatero, tiene opiniones que impone en la educación sobre el aborto(es excelente), sobre la práctica sexual (debe extenderse sin responsabilidad moral), sobre las relaciones que llaman de género, (estamos en plena revolución en la guerra de sexos), sobre los padres (no sirven para nada), o sobre los terapeutas y maestrillos (están para la masturbación, el sexo alternativo, el happening permanente de financiación gubernamental etc.).

De esta forma, tal como sospechábamos, el debate sobre la protección de la vida del concebido humano- si Bibiana humano más que humano- se convierte en debate por la libertad ideológica, el derecho de educación y los límites del Estado.

Me ha gustado Sandra Moneo cuando ha hablado de Totalitarismo. Claro que si, de eso estamos hablando, de homicidio impune y de sectarismo ideológico, es decir, de Totalitarismo.

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