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Tribuna libre

La Europa de Cornelia

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Si alguien recuerda un solo problema que se haya resuelto en la Unión Europea, que levante la mano.

Ignoro, aunque me temo lo peor, si a Cornelia Prüfer-Storks –que así se llama la alemana de los pepinos- le suenan nombres como los de Robert Schuman, Paul- Henri Spack, Konrad Adenauer, Jean Monet o Alcide de Gasperi, pero de lo que no tiene ni repajolera idea es de lo que se supone que debe ser Europa.

Claro que ni ella ni el resto de los parlamentarios europeos ni ninguno de los dirigentes que, vengan de donde vengan, se reúnen en Estrasburgo o en Bruselas a hablar de no se sabe bien de qué, porque Europa, lo que se dice Europa, la Europa que soñaron y que cimentaron hombres como los citados, está muy lejos de existir.

Comparar esos nombres con los ‘merkeles’, los ‘sarkozyes’, los ‘berlusconis’ o los ‘camerones’ no deja de ser una broma macabra. Si alguien recuerda un solo problema que se haya solucionado en la Europa unida a través de eso que se llama Unión Europea, que levante la mano.

Rescates fantasmas, normativa unilateral, prepotencias inadmisibles, bandera única o moneda vacilante suponen una sarta de mentiras y de entelequias que no se sostienen más que a base de dietas majestuosas, de viajes en primera, de despachos fastuosos, de secretarios y secretarias innumerables y de sesiones dormilonas en parlamentos fantasmagóricos que parecen sacados de una película de Boris Karloff.

Eso es Europa y por esa razón los inquilinos de la Casa Blanca, sean quienes sean, demócratas o republicanos, se desternillan de risa cuando les hablan de la competencia que para los Estados Unidos supone la Unión Europea. Y por eso cuando ocurre algo, no solamente Europa como tal no resuelve nada, sino que aunque quisiera no podría resolverlo. Porque Angela Merkel y Nicolás Sarkozy y Silvio Berlusconi y David Cameron y todos los inquilinos de los gobiernos europeos, tengan la ideología que tengan, se limitan a arrimar el ascua a la sardina de su país, se reúnen, previa colocación de una insignia en su solapa, y hasta la próxima.

Podemos hablar de la pasividad de nuestro Gobierno, de la inanidad de Rodríguez Zapatero y de su sonrisa bobalicona en esas reuniones, pero con independencia de eso, que es una realidad, la verdad es que Europa, la llamada Unión Europea, no existe.

Y si existe es sólo para los funcionarios, de las dietas, de los viajes, de los despachos y de las secretarias o secretarios.

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