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Tribuna libre

¡Feliz Año Joven!

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Todo el mundo sabe que la libertad humana no consiste en la carencia de vínculos, sino en la calidad de esos vínculos y en la energía y determinación para abrazarse a ellos.

En conversación reciente salió el tema de cómo son los estímulos que reciben hoy las chicas y los chicos. Un comentario repetido fue que la escuela, la universidad, los medios de comunicación, la misma familia, motiva el éxito individual, el relumbrón, el beneficio material inmediato de nuestros jóvenes... Y, después, viene la frustración de la cruda realidad: mercado laboral deprimente, en todos los sentidos.

Con muy buenas palabras -"¡sin levantarles la voz, por favor!", nos dicen-, les explicamos muchas, muchísimas cosas a nuestros jóvenes -¡de forma unidireccional las más de las veces!- ignorando todos que la amabilidad no puede substituir a la verdad ni a la justicia. Siempre adulamos, seducimos, toleramos e imitamos a los jóvenes, pero pocas veces les exigimos. Y así, les defraudamos, les quitamos la responsabilidad, no les ayudamos.

Hemos de provocar en ellos cierta voluntad de aventura, de riesgo, sin que todo esté perfectamente controlado. Para eso, hemos de educar en verdad y en responsabilidad. Llamando a las cosas por su nombre, incluso cuando no seamos del todo ejemplares nosotros mismos.

Todo el mundo sabe que la libertad humana no consiste en la carencia de vínculos, sino en la calidad de esos vínculos y en la energía y determinación para abrazarse a ellos, salvando y mejorando las circunstancias. Para eso, ¡tiempo de convivencia!

Y encauzar sentimientos, dirigirlos al bien, que se concreta en la familia, los amigos, el tiempo libre y la diversión. Pero también en el estudio, en las necesidades de los demás, en la búsqueda de trascendencia. Así se evita ese emotivismo inmediato, que al no estar ordenado por la razón y el respeto, ni por hábitos de comprensión adquiridos, acaba en un relativismo y arbitrariedad que llenan de confusión la vida.

Alejemos de nuestros jóvenes la vulgaridad que significa calcular el éxito sólo según una cuantificación material. Es claro que la alegría no es proporcional a lo que uno tiene; no obstante, en alguna época las condiciones económico-sociales pueden ser tan tremendas que la alegría parecerá una especie de milagro: pues a por él.

Aunque también la organización política y el sistema educativo han de ser apoyo y estímulo para superar etapas de cambio, incertidumbre o precariedad. Y está claro que es una calamidad social la situación de desempleo que padecemos en España.

Sorprende y duele ver a jóvenes que sólo quieren aquello que se les da, aunque sea poco saludable, pero en gran abundancia y sin esfuerzo para ellos. Pues a rebelarse, pues es posible tener criterio y libertad para ampliar la visión de la realidad: los jóvenes deben aprender a actuar autónomamente, saber ser responsables y competentes.

Algunos dirán que a pesar de "pensar mal", o confusamente, es claro que existe la posibilidad de obrar bien. Por supuesto, pero será preciso adquirir buenos hábitos que marquen "pautas de éxito" frente a la vorágine visceralizadora. Ha de ser posible "soñar" el cambio, querer ejercer la libertad, para no ser esclavos de nosotros mismos.

Y para eso está la educación, la formación continuada, con la que aprenderemos a desarrollar nuestras reacciones. Para abrirnos al universo entero en este Año Nuevo que comienza, empaparnos de ilusión y buen ánimo al descubrir la belleza física, musical, literaria, espiritual... Al ver la excelencia de otros hombres y mujeres.

¡Ah!, siempre buscando un buen síntoma de buena juventud y de vitalidad a cualquier edad: la alegría, viva muestra de nuestra capacidad de reacción ante las dificultades, que siempre las tendremos, de uno u otro tipo. ¡Feliz Año Joven!

Y si lo pedimos, los Reyes Magos también nos van a traer, a pequeños y mayores, paciencia, capacidad de acogida y una incansable pasión por atender la voz de todos.

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