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Fracaso anunciado

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La importación del 80,0% de los alimentos consumidos en Cuba no sólo se debe a los problemas productivos de la agricultura sino también al ineficiente acopio de las cosechas.

“Mucha gente de campo sintieron un corrientazo de dolor cuando en los últimos días de julio y buena parte de agosto afrontaron una situación que no podían concebir: el deterioro de considerables volúmenes de viandas y hortalizas en naves y patios de las unidades comercializadoras… debido a demoras en la extracción por parte de quienes debían encaminar la mercancía hacia los centros urbanos, principalmente la capital…” Estas son palabras tomadas del periódico Granma del 8 del septiembre sobre los primeros resultados del nuevo sistema de acopio, aplicado en las provincias de Ciudad de La Habana y Habana a partir del 1 de agosto, por el cual toda la actividad comercializadora pasó al Ministerio de Comercio Interior, dejando al Ministerio de la Agricultura sólo la producción.

El fracaso había sido previsto por analistas, ya que los cambios introducidos en el acopio de los productos agropecuarios por ser cosméticos, continúan con sus características burocráticas, sin ir al fondo de los problemas: la necesidad de mayor flexibilidad, con la toma de decisiones mas rápidas ante el manejo de productos por lo regular extremadamente perecederos; a lo cual podría ayudar la legalización de la gestión privada y cooperativa en el acopio, complementando la actividad de las empresas públicas, realidad que las autoridades se niegan a aceptar. Asimismo, el nuevo sistema conserva las desproporciones en cuanto al aprovechamiento industrial de los productos y una rigidez extrema en los precios a los consumidores, mantenidos a ultranza, aún cuando existan grandes abarrotes, lo cual incide en las enormes pérdidas de los   acopiados o la falta de recogida en el campo.

El fracaso se produjo en agosto, cuando paradójicamente las cosechas por problemas de estación se reducen. Por tanto, puede imaginarse lo que sucederá en los primeros meses del año, al coincidir las grandes producciones de vegetales y viandas con las zafras azucarera, del tabaco y del cítrico. Será una repetición de lo sucedido al tomate a comienzos del presente año, cuando cantidades apreciables se deterioraron, pues no había capacidades suficientes para su procesamiento industrial y las existentes están en pésimas condiciones, mientras los precios al consumidor se mantuvieron muy altos, limitando el consumo. Si hubieran sido más asequibles, la demanda de la población se habría incrementado e incluso los clientes habrian adquirido cantidades apreciables para procesar artesanalmente como conservas. 

Otra alternativa podría ser la autorización de crear pequeñas y medianas empresas (PYMES) privadas para el procesamiento de vegetales y frutas, que serían fuentes de empleo e ingresos para el Estado mediante el pago de impuestos, y evitarían la pérdida de producciones, en un país donde actualmente se importa gran cantidad de vegetales en conserva, como la pulpa y conservas de tomate, especialmente de Estados Unidos.

La producción interna de arroz es otro ejemplo lamentable de las dificultades con el acopio, por las   pérdidas este año al no existir capacidades de transportación, secado y molinación, así como falta de combustible y el mal estado de las vías rurales, cuando se importan alrededor de unas 600 000 toneladas anuales de arroz consumo de Asia y Estados Unidos, fundamentalmente. Esto representó nada menos que 478,2 millones de pesos convertibles el pasado año. Monto que podría reducirse sustancialmente con la producción nacional, si fueran creadas condiciones para evitar las pérdidas que se producen en el campo al no poderse cosechar el grano a tiempo y en los ulteriores procesos de beneficio.

La importación del 80,0% de los alimentos consumidos en Cuba, no sólo se debe a los problemas productivos de la agricultura, como los bajos rendimientos y la sustancial cantidad de tierra sin cultivar, sino también al ineficiente acopio de las cosechas que redunda en que muchos productos no lleguen al mercado, o en el mejor de los casos terminen de alimento para los cerdos u otros animales.

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