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Globos asesinos

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Celebramos la prohibición de los globos y matasuegras, y esperamos que pronto caigan también la piñata, la pandereta y la zambomba.

Ya era hora. La Unión Europea acaba de disponer la puesta en marcha de una directiva que prohíbe a los menores de 8 años inflar globos sin la presencia de, al menos, un mayor de edad que se encuentre sereno, en plenas facultades mentales, y que pueda acreditar haber dormido un mínimo de ocho horas la noche anterior. Pero la norma no se detiene en los peligrosísimos globos, sino que va más lejos, acechando otros dos elementos que hasta ahora han circulado impunemente por nuestras calles dejando una estela de pánico y destrucción: los silbatos y los matasuegras, que serán prohibidos para menores de 14 años. Como lo leen. La noticia la ha ofrecido en primicia el diario The Telegraph, que posiblemente ha infiltrado periodistas menores de cinco años en parques infantiles, en donde este asunto se rumoreaba entre los niños desde hace semanas.

La misión del columnista es abrir los ojos al lector, incluso aunque la realidad sea dolorosa, como en este caso. Por eso a veces es tan duro este oficio. La opinión pública desconoce las escalofriantes estadísticas de muertes por ingesta accidental de matasuegras. Los fabricantes de matasuegras, que son todos masones, se han conjurado durante años para mantener en silencio el potencial peligro de estos artilugios, ocultando las cifras de fallecimientos relacionados con este producto típico de cumpleaños, celebraciones familiares, y fiestas navideñas.

Hasta hoy creíamos que lo peor del matasuegras era su capacidad para convertirse en el arma ideal de todos los horteras y pelmazos de las fiestas de fin de año. Pero no. Había mucho más: un interminable legado de asfixias, un increíble historial de infartos, y un altísimo porcentaje de óbitos por impacto de su durísima estructura extensible contra algún órgano vital de quien se expone al peligro de acercarse a la zona donde hay un idiota jugando con un matasuegras. Dejo aparte estadísticas menores, como la que señala el número de ojos que han saltado por los aires en 2008 por impacto de matasuegras –nada menos que trescientos mil ojos, sólo en la provincia de Soria-, o la que recoge el número de accidentes de aviación relacionados con el uso indebido de matasuegras por parte de la tripulación. No comprendo cómo durante tanto tiempo la clase política ha podido pasar por alto el potencial peligro de estos artefactos, que llamándose ‘matasuegras’ no podían traer otra cosa que odio, violencia y muerte.

Peor aún es lo del silbato. Hasta hoy hemos permanecido en las tinieblas por pura ingenuidad. Según los informes secretos de la UE a los que no he tenido acceso, el silbato es, si cabe, más peligroso aún. Primero, porque incita a los menores a dedicarse al arbitraje futbolístico, con el consiguiente peligro que esto conlleva, que incluye desde futuros botellazos en la cabeza, hasta insultos, vejaciones y amenazas de por vida. Y segundo porque, aunque también se ha intentado ocultar hasta hoy, el mundo está llevo de señores que sólo pueden comunicarse con el exterior por medio de silbidos, por culpa de haberse tragado accidentalmente un silbato de pequeñitos. Un verdadero drama que debería pitar estruendosamente en nuestras acomodadas conciencias occidentales.

Los fabricantes, en contubernio con la totalidad de las asociaciones de niños menores de 10 años, han estado tapando las cifras de la vergüenza de estos productos, como anteriormente ocurrió con los termómetros de mercurio –culpables de la desertización del desierto de Arizona, de la extinción del Cactus Picahuevos, y del fallecimiento de Chanquete-, y con una larga lista de peligrosísimos objetos que han sido retirados por la UE, que vela por nuestra seguridad como si de una madre se tratase.

Con todo, para redondear esta nueva directiva, sería conveniente incluir la prohibición de piñatas, serpentinas, gorritos de cartón, y antifaces, para menores de 30 años; el consumo de chicles, gominolas, y garrapiñadas, para menores de 60; y la venta de dinosaurios de plástico y coches teledirigidos, para menores de 90 años, ya que incitan claramente a la violencia, unos, y a la velocidad en la carretera, los otros. Además resulta una prioridad la prohibición total del consumo de palomitas a todas las edades: ¿saben ustedes las increíbles cifras de muerte por asfixia en los cines por culpa de este espeluznante tentempié? Imaginen lo peor y se quedarán cortos.

Celebramos la prohibición de los globos y matasuegras, y esperamos que pronto caigan también la piñata, la pandereta y la zambomba. Desde hoy, el mundo es un lugar más seguro. Después de la desaparición de Bin Laden, la eliminación de los matasuegras es la noticia más importante del siglo en materia de seguridad. Gracias, señores de la UE.  Creo que esto deberíamos celebrarlo con una gran fiesta llena de globos y matasuegras. Y luego, a altas horas, después de muchos brindis con copas de plástico homologadas, y repletas de whisky cuyo proceso de elaboración haya sido validado por Bruselas, podríamos anunciar la disolución irrevocable del Parlamento Europeo, y comernos unas cuantas baterías de teléfonos móviles para celebrarlo. Esa sí sería una buena resolución.

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