Miércoles 22/11/2017. Actualizado 03:42h

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Guadalquivir arriba

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Andamos los españoles un poco moscas, preguntándonos si los candidatos a presidente de EE UU saben localizar esta humilde nación en un mapa.

Es desopilante. Andamos los españoles un poco moscas estos días, preguntándonos si los candidatos a presidente de los Estados Unidos saben cuál es el nombre del nuestro, o si pueden localizar esta humilde nación en un mapa mudo, y nos prepara la Junta de Andalucía –no la Xunta de Galicia, no el Cabildo de Canarias, no la Generalidad de Cataluña, ni siquiera el Land de Schleswig-Holstein alemán ni la Laponia finlandesa, no: la mismísima Junta de Andalucía– una campaña de promoción en la que se ilustran las bondades turísticas del Guadalquivir con la catedral de Palma de Mallorca. Y luego queremos pedir cuentas a los guiris por sus muy festejadas ignorancias.

Lo más probable es que tamaño cante (jondo, jondo) se haya debido a la típica negligencia de becario chapucero o de funcionario indolente: «Curro, búscame la catedral en Google imágenes, que esto tiene que salir ya de ya». Y el becario chapucero o el funcionario indolente –lo sabemos, no todos lo son, pero sí éste–, al ver despuntar los pináculos góticos en la primera foto que encuentra, va y la planta como un campeón a toda página en el folleto, que lo mismo podía haber salido la catedral de Burgos o la de Estrasburgo. Total, un aire de familia sí que tienen todas. Pero claro, por encima del genio iluminador se supone que debe haber quien lo supervise. ¿A tal extremo de ineficiencia ha llegado la administración chavista, que nadie en la consejería correspondiente ha sido capaz de detener la pifia antes de que llegara a la imprenta?

Vaya usted a saber. Una hipótesis más benévola –aunque poco halagüeña para el bolsillo del contribuyente andaluz– es que no se trate de un error, sino de un proyecto de futuro. Quizá haya pensado Manolo que para coronar su mandato gloriosamente y dejar recuerdo perdurable, no sería mala idea una prolongación del Guadalquivir hacia el este, con los permisos correspondientes de Murcia y la Comunidad Valenciana, parte de cuyos territorios habría que ceder a la nueva cuenca. De este modo el eje fluvial podría unir Sanlúcar de Barrameda con Palma de Mallorca incluso a través del Mediterráneo, mediante un sencillo sistema de señalización. Unas buenas balizas verdiblancas advertirían a las embarcaciones: «aguas béticas». Y para entrar en Palma capital, un trasvase transmediterráneo, unas anchurosas acequias en torno a la catedral, en el Parc de la Mar, y ya. El folleto turístico del que hoy tanto nos cachondeamos, convertido en impecable realidad. Guadalquivir arriba será maravilloso viajar hasta Mallorca.

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