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Héroes de carne y hueso

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Clint Eastwood ha vuelto a emplear como guion un acontecimiento real

Clint Eastwood con los protagonistas reales e interpretes de '15:17 Tren a París'. Clint Eastwood con los protagonistas reales e interpretes de '15:17 Tren a París'.

Un artículo de...

Javier Junceda
Javier Junceda

Jurista

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En esta ocasión, el protagonizado el 21 de agosto de 2015 por tres jóvenes norteamericanos al frustrar una masacre yihadista en el tren de alta velocidad que unía Ámsterdam con París, desarmando y neutralizando al terrorista.

La irrelevancia del fracaso escolar y de la bondad convertida en hazaña llenan la pantalla. Unos pésimos estudiantes, pero con buen corazón, consiguen al alcanzar la edad adulta esa formidable gesta. Estaban de vacaciones por Europa y por su proeza fueron recompensados con la máxima condecoración francesa.

La cinta retrata a unas personas absolutamente normales, sin ninguna característica especial. Nunca fueron ejemplares, dentro de los cánones de éxito establecidos. Problemáticos en su infancia y juventud, dos de ellos acabaron enrolados en el ejército, donde finalmente terminarían encontrando la disciplina de la que escapaban en los primeros años. Pese a las dificultades en el colegio, los chavales tenían una sólida formación moral, gracias fundamentalmente al empeño de sus familias. La preciosa oración de san Francisco de Asís, rezada por uno de ellos desde pequeño, sirve a Eastwood como colofón de la película, pretendiendo subrayar la intrascendencia de cualquier fiasco personal si lo esencial se mantiene en pie.

Sé de compañeros y familiares que fueron nefastos en la escuela y que en la vida han logrado triunfar. La clave de ese premio reside en lo que Clint Eastwood desea remarcar: contar con cimientos consistentes capaces de guiar a uno por el camino del bien y enfrentar el mal, aunque eso suponga jugársela. Siempre me han causado singular tirria esos deplorables profesores que no saben sacar provecho de tantísimos alumnos penosos pero con buena pasta sin tan siquiera detectarlos. ¡Cuánta valía se ha perdido por esas tristes cunetas de las evaluaciones, permanencias, cursos repetidos, muy deficientes y males en conducta!...

El ganado puede y debe ser pastoreado en manada, porque evoluciona al mismo tiempo. El ser humano, no. Por eso, debiera de reflexionarse más de lo que se hace sobre la progresión en los estudios y especialmente en los requisitos pedagógicos para no hacerlo en aquellos casos en que la madurez del niño o joven parecen estancarse momentáneamente. Enterrarlos en un pozo en lugar de descubrir en ellos la palanca precisa para su recuperación es lo que sigue primando hoy, porque detrás de ese sistema no se necesita ningún trabajo docente, sino meramente ganadero.

Quienes salvaron la vida de medio millar de personas en el Thalys 9364 en el verano de 2015 eran, en fin, unos buenos chicos, alejados del esplendor de los titanes. Hicieron lo que debían hacer y estuvieron donde tenían que estar, abalanzándose sobre el asesino y arrebatándole su fusil a pecho descubierto. Una heroicidad llevada a lo ordinario, en la que por fin no ganan los malos y los buenos no son gentes de otro planeta ni personajes extravagantes, sino unos buenos muchachos de carne y hueso que arriesgan sus vidas porque no cabe más alternativa.

Javier Junceda.


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