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Tribuna libre

Israel y Palestina dan la espalda al Derecho internacional

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Antes de llegar a la actual escalada del conflicto, Israel había anunciado que anularía los tratados de paz de Oslo si la ONU reconocía a Palestina, de acuerdo con la petición de ésta.

Antes de llegar a la actual escalada del conflicto, Israel había anunciado que anularía los tratados de paz de Oslo si la ONU reconocía a Palestina, de acuerdo con la petición de ésta. La votación podría tener lugar a finales de noviembre. El Ministerio de Exteriores israelí hizo saber su decisión a los diversos gobiernos por vía diplomática. A su juicio, la estrategia palestina se opone a puntos fundamentales de Oslo, especialmente al compromiso de que cualquier diferencia entre las partes debería discutirse de forma bilateral.

En ese momento, Tel Aviv parecía ya dispuesto a hacer la guerra contra Hamas, tras el lanzamiento de misiles desde Gaza. El momento cumbre fue la operación del día 14 en la que murió el jefe militar de Hamas, Ahmad Jaabari. El raid israelí ha sido quizá el más importante desde la devastadora ofensiva de enero de 2009.

Desde el comienzo, Netanyahu ha contado con el apoyo de Obama, frente a los ataques "brutales" de Hamas: así los calificó, en una reunión de urgencia del Consejo de Seguridad de la ONU, la embajadora de EEUU, Susan Rice. Esa actitud es compatible con el deseo de que, a través de Egipto, continúen negociaciones para evitar la escalada del conflicto. Pero la posición de Netanyahu, en la perspectiva de las elecciones del 22 de enero, es firme contra Hamas "y otras organizaciones terroristas": está dispuesto a ampliar las operaciones, si es necesario.

Porque Israel, después de años de relativa calma en sus fronteras, tiene ahora una posición complicada, atrapado entre dos fuegos: los misiles lanzados desde Gaza caen en el sur, y los obuses perdidos de Siria estallan en el norte. El gobierno parece cada día más decidido a lanzar una operación terrestre. Pero parece difícil ponerla en marcha sin el apoyo de Occidente, especialmente de EEUU, que preferiría en estos momentos no abrir más frentes de combate contra islamistas. Para Tel Aviv, con unas elecciones tan próximas, resulta tentadora la ocasión de actuar a fondo contra los a su juicio fracasados regímenes de Al-Assad y Hamas, incapaces de controlar a sus fuerzas armadas.

Esto explicaría la escalada de estos días, y la intención israelí de lanzar la ofensiva por tierra, confirmada por la decisión del ministro de Defensa, Ehud Barak, para la incorporación a filas de hasta 30.000 reservistas. Netanyahu asegura que "seguirá adoptando todas las medidas necesarias para defender a su pueblo" en contra de los misiles lanzados desde Gaza.

Por su parte, el jefe del gobierno de Hamas en Gaza, Ismail Haniyeh, descarta una nueva tregua. Aunque EEUU sigue pidiendo a Egipto que ponga en juego su influencia en la región para poner fin a la violencia. Obviamente, Egipto condena las represalias israelíes, como Rusia, Irán y Turquía. Europa sigue sin una política única y clara, más bien condescendiente, como se comprobó en el reciente viaje de Netanyahu a Bruselas.

Se impone recordar el anterior fracaso de hace cuatro años. El ejército de Israel provocó entonces una auténtica carnicería, con unos 1.400 muertos, la mayoría civiles, frente a sólo trece bajas propias, casi todos soldados. En esa aparente victoria, Israel perdió la batalla de la comunicación, dentro y, sobre todo, fuera del país. Algo de esto podría sucederle ahora a Hamas si sus nuevos y más potentes misiles, facilitados por Irán, provocan muertes en la periferia de Tel Aviv y Jerusalén, a pesar de la eficacia de los sistemas de interceptación. De hecho, las alarmas antiaéreas no sonaban en esas ciudades desde la guerra del Golfo de 1991.

Pero unos y otros no pueden seguir indefinidamente dando la espalda a las exigencias del Derecho internacional. Basta pensar en la política seguida hasta ahora por Netanyahu en materia de asentamientos, en contra de advertencias expresas de la diplomacia norteamericana. Los palestinos han tenido que sufrir hasta la desesperación cómo avanzaba Israel en Jerusalén-Este. Y Europa, aunque los considera ilegales según las leyes internacionales, los consolida en el plano comercial. Sin duda, aunque se supere hoy la escalada, los asentamientos constituyen un grave obstáculo para el establecimiento de una paz definitiva.

A corto plazo, mucho dependerá de si se acepta la propuesta de varios ministros del Likud y de diputados laboristas de aplazar los comicios del 22 de enero, porque las operaciones militares dificultan la celebración la próxima semana de elecciones primarias en los partidos que las tienen pendientes. Pero la paz no podrá construirse si Israel y Hamas sólo aceptan la fuerza, no la razón ni el derecho.

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