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Tribuna libre

Contra Jiménez Losantos, Alfonso Ussía, Carlos Dávila y Pío Moa

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El periodista José María Izquierdo acaba de publicar ‘Las cornetas del Apocalipsis’, un duro alegato contra Antonio Burgos, Isabel San Sebastián, Carlos Dávila, Fernando Sánchez Dragó, Federico Jiménez Losantos, Ussía, Pío Moa, Tertsch, César Vidal… No deja títere con cabeza: actúa de ángel exterminador.

Un artículo de...

Javier Fumero
Javier Fumero

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El libro salió a la venta este miércoles, editado por ‘Hoja del Monte’, y pretende ser un repaso ilustrado con citas entrecomilladas de los escritos y declaraciones de estos profesionales del periodismo situados ideológicamente a la derecha.

Izquierdo no se anda por las ramas. Ni busca parecer ecuánime, ni utiliza paños calientes. Leña al mono desde la primera línea hasta la última, como ajustando cuentas con la historia. Parece clamar que, de tanto como han tenido que tragar (él y sus correligionarios) ya les iba tocando un poquito de desquite. Lo que le sale (creo) es… otro vómito.

De Federico Jiménez Losantos ha escrito: es “el ángel animador” de los “jinetes del apocalipsis”; “tiene larga la lengua y suelta la mano”; “se encuentra a gusto, a la vista de lo que sonríe, en los banquillos de los acusados, que tanto visita por lo mucho que injuria”; “su ánimo justiciero apenas si conoce un límite: Esperanza Aguirre, luz de sus ojos, alegría de su vivir, guía de su quehacer”; “su furia es universal”.

De Alfonso Ussía: es el “el señorito faltón”; “fue un niño bien”; “esgrime armas propias: la brillantina y el ripio”; “le preocupa sobremanera la belleza femenina”; pero lo peor es “cuando se pone cursi (y taurófilo), poeta o gracioso”.

De Carlos Dávila: “experto en los íntimos sentimientos que experimentan los solípedos en determinadas circunstancias, en la mañana del 22 de marzo de 2010 reconoció públicamente que estaba cachondo como una mula”; “para escribir tan recio, viril y cuartelero, Dávila seguramente seguirá un régimen cercano al que sigue: desayunará con cazalla, como los hombres, luego, a lo largo del día, le dará a la chistorra y al cocido y se negará a ir a un restaurante japonés”; “luciría bien acodado en la barra de la cantina del cuartel, vaso de tinto peleón, alternando el bocata de mejillones en escabeche con el de chicharrones, las guindillas, en el plato, para ir mordiendo, mirada perdida en las paredes con fotos de Interviú”.

De Pío Moa: “historiador de la casquería”; “es tan excesivo que siempre que te asomas a cualquiera de sus textos temes que te enfanguen sapos viscosos, hígados putrefactos y litros de sangre oscura, espesa y maloliente”; “a su sombra, el resto de jinetes palidece: Losantos nos parece tibio; Ussía, educado; Vidal, riguroso, y Dávila, moderado”; “él solo acarrea la guerra, la hambruna, la muerte y la enfermedad”.

De César Vidal: es “el mártir del compás”; “divide su ciclópea producción intelectual en cinco grandes pasiones: retorcer la historia, sea el siglo que sea, denostar la II República, tergiversar la Guerra Civil, blanquear el franquismo y destrozar, despedazar y triturar al Gobierno socialista”; “¿apoyo documental? estamos en guerra santa y no vamos a ponernos estrechos si hay que mentir un poquito, tergiversar algunos hechos o inventarse fuentes históricas”; “le obsesiona la escuadra y el compás”; “cita a bulto y de oído”.

A todos ellos, en su conjunto, les dedica también algunos piropos: son -ha dicho- “insolentes y lenguaraces, insultan como tabernarios y vilipendian como desfachatados. Son, además de reaccionarios, exactos representantes del cutrerío hispano que desprecia todo lo que, encogidos por el desconocimiento, les asusta”.

Me he perdido algo

En principio no habría nada que objetar. Resulta legítima e higiénica cualquier crítica razonada sobre el trabajo de los periodistas. Somos una extraña especie, casi una ‘casta’ intocable, que se ha considerado siempre perfectamente legitimada para sentar cátedra sobre lo ajeno pero reacia a admitir objeciones sobre su propio modo de proceder.

Sin embargo, el caso de José María Izquierdo no deja de sorprender. No lo entiendo. Leyendo lo que escribe, tengo la impresión de que me he perdido algo.

Para empezar, veamos su currículum. Es rico y extenso: redactor jefe de Diario 16, subdirector de Informaciones y corresponsal de EFE en La Habana,  jefe de Edición, redactor jefe, subdirector  y director adjunto de El País (en diferentes etapas), y director de los Servicios Informativos de Canal+ y Cuatro.

Sin embargo, el pasado mes de febrero da un giro radical a su vida y comienza a “catar venenos”. Me explico. Ha abierto un blog en la edición digital de El País, llamado ‘El ojo izquierdo’, que él mismo define como un resumen de prensa “en absoluto neutral”, un espacio dedicado a repasar “los fanatismos y excesos” que recorren los medios de comunicación. Ojo: fustigando única y exclusivamente los medios situados ideológicamente a la derecha.

Pero lo que más llama la atención de sus textos es… el tono.

Pedro Jota “manipula”. Alfonso Ussía “fascistea”. Juan Manuel de Prada “reza”. La cadena Fox es “ultraderechista”. Los comentaristas derechosos, “cavernarios”. Los tertulianos y columnistas peperos, “fanáticos sin reciclar”. Sus discursos son “antidemocráticos”, “al borde del fascismo”…

Salvoconductos de buen y mal periodismo

Y en esas está José María Izquierdo desde el pasado mes de febrero: repartiendo salvoconductos de buen y mal periodismo a los tertulianos, plumillas, directivos de medios y simpatizantes afines al PP. Y rajando, a diestro y sólo a diestro, de los “reaccionarios” y tanto “pseudo-intelectual”.

Cómo ha acabado José María Izquierdo en semejante mar de fango, no lo sabemos. Pero que debería hacérselo mirar, sí lo creo. Porque insisto: discrepar y elaborar juicios de valor sobre está difícil profesión es hasta necesario. Es más, en algunos análisis no le falta razón.

Lo que no parece de recibo es situarse como por encima del bien y del mal, descalificar desde ideas preconcebidas, con afán de ajustar cuentas, y adoptando una actitud arrogante más propia del censor mayor del reino. ¿Quién le ha bendecido para esta función de fustigador universal de la mentira y la manipulación? ¿No se da cuenta de que ha perdido toda inocencia al caer en el mismo error que quiere denunciar?

Lecciones, las justas

No he querido dejar de escribir este artículo aún siendo consciente del campo de minas en el que me metía. Alguien puede recriminarme también a mi haber caído en lo que critico: fustigar a Izquierdo desde una supuesta atalaya donde habita la ecuanimidad. No es en absoluto mi intención.

Jamás me atrevería a calificar públicamente a nadie de basura o a perorar como si del gran inquisidor se tratara. Lecciones, las justas: es lo único que digo.

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