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Tribuna libre

Jugadores titulares, no suplentes

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En varios ocasiones en estos años, he comprobado – y me lo han comentado algunos colegas y amigos – que, en conversaciones familiares o de bar, sale con naturalidad lo que el Papa Francisco ha dicho o hecho. Ha logrado que el “callejear” que preconiza haya llegado a las conversaciones rutinarias, por su estilo directo y muy claro, muy realista.

Un artículo de...

Javier Arnal
Javier Arnal

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El pasado domingo me encontraba con unos amigos tomando unos refrescos en la terraza de un bar. Entre los temas de conversación, salió a relucir la Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia, el millón y medio de jóvenes que acudieron de los cinco continentes a la cita con el Papa Francisco.

Hablamos  de “la sofá-felicidad” que el Papa denunció en la vida de muchos jóvenes, con un itinerario que parte del sofá, prosigue con los videojuegos y continúa con el ordenador. El Papa había dicho que muchos jóvenes confunden la felicidad con un sofá, una comodidad que adormece a los jóvenes, en vez de trazarse un futuro con ideales y comprometiéndose más en la sociedad. Entre los presentes, todos bautizados, pero varios que no practican. Sin embargo, muy de acuerdo todos con lo que había dicho el Papa a los jóvenes.

Andábamos con comentarios diversos que iban salpicando este tema y otros, cuando uno de los presentes dijo: “Yo no entiendo cómo hay padres que dejan a sus hijos vestir de cualquier manera”. Señaló a una niña, que tendría unos 11-12 años y que caminaba con sus padres, con una vestimenta más que veraniega, en opinión de mi amigo contraria a la educación y el buen gusto. Y otro de los presentes en la tertulia comentó: “El problema está en los padres de los jóvenes, más que en los jóvenes, porque sólo se les habla de derechos y no saben lo que son obligaciones ni límites”.

Reconozco que el fondo y la forma que ha utilizado el Papa en Cracovia ha vuelto a romper esquemas, con un estilo directo, pegado al terreno, que entiende cualquier joven y toda persona de cualquier edad, como se comprueba. Un tono que, en vez de reprochar o echar en cara a los jóvenes su comodidad, resulta alentador, porque propone otro estilo de vida: “no vinimos a este mundo a vegetar, a pasarla cómodamente (…), hemos venido a otra cosa,  a dejar una huella”.

“Cambiar el sofá por un par de zapatos que te ayuden a caminar por caminos nunca soñados y menos pensados, por caminos que abran nuevos horizontes”, un mundo que reclama “jugadores titulares en la cancha, no hay espacio para los suplentes”, una “invitación a involucrarnos”, fueron algunas de las frases del Papa.

Los padres de esos jóvenes tienen entre 40 y 60 años. ¿Comparten esos padres las palabras del Papa? Tengo  serias dudas de que tengan esa sintonía moral que el Papa pide, y me gustaría equivocarme.  Los jóvenes necesitan palabras, estímulo, ejemplos vivos en quien encontrar referencias concretas para su vida. Para el cambio de los jóvenes de sentirse titulares en vez de suplentes, los adultos hemos de reflexionar y actuar. No basta con ver cómo los padres se afanan por lograr ingresos económicos, sufriendo en estos momentos para lograr este objetivo.

 


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