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Kissinger y Trump: Estudia antes de actuar

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A sus noventa y tres años, Henry Kissinger sigue siendo consultado por los medios o por políticos en activo.

Un artículo de...

Antonio Rubio
Antonio Rubio

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No hay presidente de las últimas décadas, con excepción de Barack Obama, que no haya querido escuchar las opiniones del ex secretario de Estado de Nixon y Ford. ¿Hará Donald Trump otro tanto? El presidente electo lleva fama de no someterse a otros criterios que los que él mismo dicta, pero la realidad de la política exterior, en la que el jefe del Estado tiene una amplia autonomía, es tan compleja que no basta para abordarla el espíritu de resistencia a ultranza, lastamina de la que habló Trump en su primer debate con Hillary Clinton, que caracteriza al nuevo inquilino de la Casa Blanca. Después de todo, Kissinger es un hombre del partido republicano, el mismo que ha contribuido a la victoria del candidato, y sus observaciones merecerían ser tenidas en cuenta por ser el representante de un realismo político nada dogmático y con fundamentos racionales.

Kissinger ha hecho unas declaraciones a la revista The Atlantic que no tienen desperdicio. Reconoce que esperaba el triunfo de Hillary, pero la realidad es que hay un presidente electo y"debemos darle una oportunidad para desarrollar su filosofía". Se aleja, por tanto, de las posiciones de esos futurólogos vaticinadores de un impeachment del presidente y su sustitución por un vicepresidente mediocre. Aconseja además a los dirigentes extranjeros que se preparen para la era Trump. Se impone una labor de estudio, no de confrontación. Rusia y China parecen haberlo comprendido y, sin embargo, algunos líderes europeos dan muestra de una acentuada desconfianza, que en nada ayudará a la relación trasatlántica.

En una reciente conversación un amigo hablaba con espanto de que en unos meses la tríada Trump-Le Pen-Putin podría estar dirigiendo Occidente. Es un enfoque que contempla la política internacional desde un prisma casi exclusivamente ideológico, y no tiene en cuenta el elemento indispensable de los intereses nacionales. Ahí está el ejemplo de la tan cacareada afinidad entre Trump y el presidente ruso. Sobre este particular, Kissinger señala con acierto: "Trump cayó en una cierta retórica porque Putin dijo de él palabras elogiosas -de modo táctico- y se sintió obligado a responder". Desde luego, Clinton no era la candidata preferida de los rusos, aunque cuando era secretaria de Estado, escenificó, con ratón de ordenador incluido, el reset de las relaciones entre Washington y Moscú. Las afinidades, las supuestas simpatías, no hacen necesariamente amigos en las relaciones internacionales. George W. Bush calificó una vez a Putin como "mi amigo Volodia", pero ese mismo amigo denunció con vehemencia la política exterior norteamericana en la Conferencia de Munich (2007) y ordenó la entrada de tropas rusas en Georgia (2008).

Kissinger opina que Putin estará a la expectativa de las reacciones de Trump, aunque el propósito del ruso es incrementar la cooperación con EEUU en el conflicto sirio y en la lucha contra el terrorismo yihadista. Con todo, aquí podemos añadir dos cuestiones: ¿Esta cooperación implica algún tipo de entendimiento con la Siria de Asad o el Irán de los ayatolás? ¿Qué tendrían que decir al respecto Arabia Saudí e Israel, que se han considerado ninguneados por la Administración Obama?

En lo referente a Irán, el ex secretario de Estado señala que Teherán es consciente de que el acuerdo nuclear descansa ahora sobre bases más frágiles, aunque también está convencido de que los iraníes también se tomarán su tiempo de estudio. Lo malo es que, según Kissinger, los únicos que no se lo tomarán serán los yihadistas dispuestos a golpear sin piedad para conseguir una respuesta desproporcionada de los norteamericanos.

La recomendación del análisis y la reflexión es también para Donald Trump que tiene que demostrar que es consciente de los retos que le aguardan. No caben ambigüedades en un presidente. Elleading from behind, que se ha atribuido a Obama, no es precisamente lo que cabe esperar del nuevo presidente de EEUU. Y es que a Trump, como a cualquier otro gobernante, Kissinger le haría dos preguntas muy directas: "¿Qué se propone hacer?, ¿Qué está intentando prevenir?".

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