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Lideresa Cospedal

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La toma de posesión de María Dolores de Cospedal como presidenta de Castilla La Mancha, el miércoles, materializó dos evidencias: que, definitivamente, España ha entrado en una nueva etapa política. Y que la presidenta asume un liderazgo personal aún más claro.

La abultada presencia de dirigentes políticos en el escenario de San Pedro Mártir, los rostros de satisfacción, el ambiente que se respiraba, los comentarios que se hacían, y la nutrida asistencia de representantes políticos, sociales (entre ellos, Juan Luis Cebrián, además de Maurizio Carlotti) y empresariales (grandes constructores, Abelló…), eran la demostración más clara de que el ‘post socialismo’, el “cambio de ciclo” al que aludió allí mismo Mariano Rajoy, es un hecho.

Se congregó la plana mayor del PP nacional, líderes autonómicos como José Antonio Monago, Ruiz Gallardón… Aunque faltó Esperanza Aguirre, representada por su segundo, Ignacio González. En total, un millar de personas, algo bastante insólito, tratándose de una autonomía, y no la más importante.

Además de alcaldes, líderes empresariales y sindicales, y de las autoridades judiciales, académicas, militares (el director de la Academia de Infantería) y eclesiásticas (el arzobispo de Toledo y primado de España), estuvieron presentes los padres de Cospedal, su marido, Ignacio López del Hierro, y la presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), Ángeles Pedraza.

Castilla La Mancha como hito

González Pons, vicesecretario de comunicación del PP, afirmó que, con la toma de posesión, se estaba “escribiendo historia de la democracia española”. En efecto, la victoria popular en Castilla La Mancha marca un hito, tanto más simbólico cuanto los propios socialistas hicieron de esa elección ‘la batalla de todas las batallas’. Al perderla han consolidado la impresión de cambio de ciclo.

La presencia de María Dolores de Cospedal al frente de la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha va a ser todo menos anodina. No solamente porque los rivales se van a centrar en vigilarla, sino también porque así lo ve y lo quiere ella misma: conoce bien cuántas miradas están depositadas en ella y en su gestión.

Se estrenó anunciando, en su discurso de investidura, un gobierno “ejemplar, solvente, austero y eficaz”. Y, para empezar, anunció una serie de tajos al aparato institucional de la región, que incluye la supresión de la figura del Defensor del Pueblo regional, del Consejo Económico y Social, de 22 direcciones generales, de 52 altos cargos y  de la Comisión Regional de la Competencia. De 32 delegados del gobierno existentes va a dejar solamente 5. Y confirmó la futura privatización de la radio y televisión autonómicas.

La ruta abierta por ella marcará muy posiblemente, el camino a otros líderes autonómicos, en la dirección de reducir estructuras repetitivas, superfluas y muy caras. Esa ruta, multiplicada diecisiete, tantas como autonomías, va a representar al país un ahorro sustancioso, sin duda.

Techo de gasto

La nueva presidenta se centró en la necesidad de acometer las medidas necesarias para crear “empleo, empleo y empleo”. Una lucha que “va a ser larga pero la vamos a ganar”, porque es “la meta irrenunciable del Gobierno que quiero formar”.

Aludió a ese  21,79% de la población en edad de trabajar en la comunidad autónoma que está en paro, lo que supone un “cáncer”, al que se suma el “drama insoportable que golpea a familias de Castilla-La Mancha con todos sus miembros en paro”.

Anunció que su gobierno operará bajo un techo de gasto y endeudamiento que fijarán anualmente las Cortes de Castilla-La Mancha.

Liderazgo

Dada su condición de ‘número dos’ del PP, la singularidad de su victoria en uno de los feudos socialistas más antiguos, y la propia personalidad de la nueva presidenta, la gestión de María Dolores de Cospedal en Castilla La Mancha va a ser analizada al milímetro. Porque será considerada el más representativo banco de pruebas de esa nueva forma de gestionar los intereses públicos que dice proponerse el PP.

Lo que allí ocurra servirá de empuje, o en su caso de rémora, para el objetivo de Mariano Rajoy de gestionar la totalidad del país a partir de las elecciones de 2012.

Y Cospedal está dispuesta a asumir un liderazgo singular en el concierto de los presidentes autonómicos. La castellano-manchega no va a ser una líder más. Será la cabeza de los dirigentes populares. Y, como tal, ha comenzado a ejercer la condición de número uno reclamando a Rodríguez Zapatero que convoque la conferencia de presidentes.

Crece, pues, su condición de ‘lideresa’ del PP, y de apuesta de futuro a medio plazo. No en vano asistió a la última reunión del Club de Bilderberg -véalo aquí- como invitada especial. Y eso ha sido, en tanto casos, el inicio de una fulgurante carrera política.

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