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Hace un par de noches desembalábamos en casa algunos electrodomésticos y aparatos de cocina. Se sorprenderían de la cantidad de gansadas que advierten ahora los manuales.

Hace un par de noches desembalábamos en casa algunos electrodomésticos y aparatos de cocina. Se sorprenderían de la cantidad de gansadas que advierten ahora los manuales. “No utilice la olla a presión para otros fines que no sean los previstos” es una clara invitación a limitarse a cocinar y a dejar de nuevo en la caja del Cheminova esos tubitos de ensayo tan divertidos. “No toque la olla con las manos cuando está caliente”, indican en mayúsculas. “¡Podría quemarse!”, matizan después, por si no había quedado claro. De todos los avisos de seguridad que aparecen en el manual de esta olla, el más llamativo es “No perfore la olla a presión mientras está cocinando”. A veces, en la serena oscuridad de la noche, me pregunto en qué cementerio o en qué psiquiátrico habita el usuario que dio lugar a esta advertencia.

Leo con sorpresa y no logro abstenerme de dar algunas recomendaciones a los fabricantes, para evitar males mayores. Los “consejos de seguridad” de mi aspiradora arrojan luces importantes sobre las costumbres y las capacidades intelectuales del hombre del siglo XXI: “No sumerja nunca la aspiradora en agua”. Visto lo visto, deberían añadir: “Recuerde que su aspiradora no es una Aspirina efervescente”. Conociendo la tozudez del usuario, siguiendo con el razonamiento, se impondría apuntar: “No se trague la aspiradora”. Y finalmente no quedaría más remedio que concluir: “Si ha decidido tragarse la aspiradora, apáguela previamente”. Algo es algo.

Desbordado por tantas y tan exóticas advertencias, me he puesto en contacto con un profesional, experto en la fabricación de este tipo de electrodomésticos, para saber si ha conocido alguna vez a algún cliente al que le entretenga especialmente hacerle ahogadillas a la aspiradora en la bañera de casa o lanzar la tostadora a la piscina. Su respuesta me ha dejado de piedra: “No uno, varios. Sin ir más lejos, la semana pasada: una señora se ha quejado de que su aspiradora no funciona bien después de introducir el 50 por cien de sus piezas en el lavavajillas”. Parece obvio que esta señora tampoco había leído las advertencias de seguridad de su lavavajillas. Gracias a ella, dentro de poco encontraremos en el manual del lavaplatos un nuevo aviso: “No trate de introducir, total o parcialmente, el aspirador en el lavavajillas”.

En cambio, noto incompletas las advertencias de seguridad de la plancha. “No deje nunca el aparato sin vigilancia mientras está encendido”. Vale. Salvo que quiera mudarse de piso. “Recuerde que su aparato –la plancha- emite vapor. Nunca dirija el vapor sobre personas o animales”. Depende. Tal vez quiera deshacerse de ellos o, simplemente, plancharlos. “¡No introduzca colonia, agua de lluvia u otros líquidos en el depósito de agua de la plancha”. Este sí. Preciso, tajante y creativo. ¿De verdad alguien ha tratado de perfumar y planchar al mismo tiempo sus camisas? Si es así, escríbame. No me resisto a probarlo.

La yogurtera. Ustedes se preguntarán para qué quiero una yogurtera. Y lo entiendo. Yo también me lo pregunto. Pero el caso es que la tengo. Como en algún caso anterior, en su manual se indica claramente: “no se recomienda utilizar la yogurtera para fines diferentes a los previstos por el fabricante”. Bien. Estoy en condiciones de añadir una puntualización que le será útil: por muy fan que se haya vuelto del añorado Félix Rodríguez de la Fuente y por muy enganchado que esté a los documentales de National Geographic, no trate de utilizar la yogurtera como incubadora de huevos de Carbonero Común. No se haga ilusiones. No funciona. Definitivamente su yogurtera no es una gallina.

El microondas es probablemente más peligroso que todos los aparatos anteriores. Sin embargo, apenas lleva advertencias de seguridad. Pero incluye una, sublime: “Antes de poner en marcha el microondas asegúrese de que ha introducido en su interior los alimentos que desea cocinar”. Maravillosa en su esencia, pero algo confusa en su redacción. Para próximas versiones sugiero a los fabricantes de hornos que lo escriban así: “Para sacar todo el partido a su horno microondas, no intente calentar alimentos poniéndolos frente el microondas, junto al microondas, o sobre el microondas: esfuércese por situarlos en su interior. Notará la diferencia”.

Me dicen que la mitad de estas advertencias se derivan de las diversas legislaciones vigentes, y la otra mitad de las experiencias de usuarios anteriores. No sé cómo lo verán. No puede esperarse demasiado de una sociedad que sumerge en agua sus aspiradoras, utiliza la batidora como destructor de documentos, o intenta secar al loro dentro del microondas. Usted alegará que son excepciones, casos marginales. Pero yo leo los periódicos, observo las miradas y actitudes de la gente por la calle, y no sé si creerle. Estamos locos.

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