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Tribuna libre

Manifiesto de octubres plegados para Egon Krenz

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Póngase sus mejores galas, señor Krenz, que dentro de unos días de hace veinte años alcanzará el momento culminante de su vida.

Sehr geehrter Herr Krenz,

Le dirijo hoy este manifiesto que, como todos los que lo anteceden, no quiere ir más allá del jovial divertimento. ¿Por qué le escribo? ¿Qué es lo que reivindico? Nada práctico: lo tomo a usted como excusa para dar vaivenes por la cronología. Que veinte años no sean nada puede refutarse, por cuestión parcial y relativa. Que veinte años se anonaden e incluso se amalgamen en una misma oración es, por el contrario, indiscutible. Eso reivindico, el deleite de reducir periodos de tiempo a periodos sintácticos, y coger aquellos, y plegarlos para formar algo parecido a una cinta de Moebius de ida y vuelta, y hacer prospección de futuro a la vez que memoria.

De octubre a octubre, señor Krenz, a usted que fue presidente del Consejo de Estado de la RDA le anticipo que en 1989, el día veinticuatro del corriente, va a ser nombrado presidente del Consejo de Estado de la RDA. ¿Le sorprende? Qué lejos queda ya, y le deseo lo mejor. Desde la atalaya de sus setenta y dos años recibirá con alegría y sentido de la responsabilidad tan honroso cargo, que va a desempeñar dos décadas atrás, con aspecto más lozano. Muerto ya Honecker desde mediados de los noventa –cómo pasa el tiempo–, este dimitirá alegando motivos de salud, pero en realidad obligado por el Politburó, primero como secretario general del Partido, y después como jefe de Gobierno. Si todavía se pregunta por qué Tom Hanks se entrevistó precisamente con usted para indagar sobre el cantante Dean Read, denominado el «Elvis rojo», para rodar un biopic, al comienzo de este párrafo ya le he dado la respuesta.

Pero cuidado, que a veces se precipitan los acontecimientos. Sumidos como estamos en los fastos de la celebración –cuarenta años acaba de cumplir la República de los trabajadores–, usted fue condenado a pena de cárcel y escribirá unos diarios de presidio en los que contará vivencias que aún no ha tenido. Su país será su país y ha dejado de serlo, pero lo es. Las protestas se extienden, y en Leipzig se congrega cada lunes una multitud creciente que pide libertad, que se proclama pueblo. ¿Cómo actuará cuando gobierne? Cuando gobierne, acabó usted cediendo a lo inevitable. De hoy a dentro de un mes de hace veinte años usted acabó abriendo la frontera de Berlín, y el muro caerá. La historia recuerda a los perdedores megalómanos, no tanto a los discretos. Póngase sus mejores galas, señor Krenz, que dentro de unos días de hace veinte años alcanzará el momento culminante de su vida, y ahora que en el Comité Central se extiende su nombre como candidato al cargo, veinte años adelante, y al cabo de unas pocas semanas, ya casi estará olvidado.

Hochachtugsvoll

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