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Tribuna libre

Mariano Rajoy, "¿Deus ex machina?"

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Pero no, no esperemos un nuevo gobierno como aquel "Deus ex machina" -Dios desde una grúa- que introducían los griegos clásicos en sus tragedias enrevesadas para desanudarlas rápidamente.

Toda España sabe que Mariano Rajoy es buen oidor. Toda España sabe que es más que posible que sea el nuevo presidente del gobierno. Pero creo que no sabemos nadie la cantidad de datos que tal vez le falten al Sr. Rajoy para que pueda avanzar propuestas más concretas de su política económica y social.

Por lo visto, destacados hombres de empresa y personas relevantes de la vida económica, social y cultural de nuestro país están compensando algunas lagunas que podrían ser fatales a la hora de tomar decisiones certeras y eficaces lo antes posible, antes de final de año, si es que gana las elecciones.

Grupos de estudio, fundaciones y los mejores y más sensatos expertos, han de ser capaces de mostrar toda la crudeza de nuestra situación. Si eso es así, como todos estamos hasta el gorro de políticos de la cáscara amarga, el Sr. Rajoy sí va a poder arremangarse y superar tanto vértigo, con confianza y con medidas que impliquen solidaridad y determinación. E intuyo que gente muy independiente podría tener una voz destacada en su ejecutivo.

El millón y medio de familias enteras en paro es una urgencia vital que atender, y es básico que alguien que desee ser presidente de gobierno tenga como prioridad combatir el desempleo. Por cierto, tal vez todos ustedes ya sepan que en las grandes ciudades empiezan a abundar las personas que noche tras noche esperan en los contenedores próximos a los supermercados a que estos saquen su mercancía desechada, para aprovechar en sus casas hasta el último resto comestible.

Por eso mismo, es extraño que mientras Grecia se desangra, con un 32 % de paro juvenil, y su gente más joven se revela sonoramente o emigra; mientras toda Italia clama por medidas económicas sensatas y de consenso para contener su crisis galopante; en cambio, nosotros, con un 40 % de paro juvenil y un gobierno en estado de shock, sólo contamos con las protestas de un grupito de indignados, o con nostálgicos de las prebendas, muchos de ellos compinchados con los que ahora mandan.

¡Es que aquí tenemos mucho aguante!, dirán los más comedidos. ¡Es que va a ser histórico el castigo a Rubalcaba & Cia. el próximo 20-N!, dirán otros. Sea como sea, en el fondo, tal vez muchos nos temamos que, si no hay un liderazgo fuerte, va a ser demencial la parafernalia del manifestódromo nacional que ya le preparan algunos a las medidas impopulares pero necesarias que nos esperan este invierno.

Amigos, hay que optar y, ustedes me perdonaran, pero me cuesta confiar en ministros que animan a profesores a la huelga política, o en quien se acostumbra a tejemanejes con cómplices de terroristas. Y, ¿qué decir de los impresentables que insisten en presentarse a la elección al senado en las próximas elecciones? ¿O de los trepas correveidiles que buscan protegerse tras una futurible acta de diputado? ¿O de los gatos políticos escaldados que del agua fría huyen?

Pero no, no esperemos un nuevo gobierno como aquel "Deus ex machina" -Dios desde una grúa- que introducían los griegos clásicos en sus tragedias enrevesadas para desanudarlas rápidamente. Más bien esperemos como Aristóteles, que criticaba el uso de semejantes mecanismos narrativos y confiaba en el natural desarrollo de los acontecimientos presentados, según el carácter de los personajes y la buena lógica. O, ¿acaso en un Estado de derecho es de recibo hacerle ascos a la normal alternancia política?

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