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Tribuna libre

Miguel Delibes, revisitado

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Los libros de Delibes, confieso que los he de revisitar, tienen siempre una enseñanza vital. Tienen aspectos muy pedagógicos para nuestros adolescentes.

Estaremos de acuerdo en que no sólo hay que leer lo que está de moda o es más atractivo por cómodo y fácil. Pensemos también que los gustos de ocio de la gente joven no son el único inconveniente para que conozcan bien a Ana María Matute, Delibes o Cela. Los planes de estudio no son muy insistentes con ellos y, a lo sumo, dan unas pocas pinceladas y sólo se ofrece como lectura voluntaria en E.S.O., o para quienes expresamente elijan Literatura Española en Bachillerato.

Ayunos de compromiso social, sin “Los santos inocentes” o sin “Cinco horas con Mario”, demasiados jóvenes ignoran a Miguel Delibes. Con el paladar casi estragado de ocio audiovisual, a todos nos convendrían las aguas medicinales de su estilo seco y su vocabulario chispeante. En todo caso, dada la autonomía de centros, dependerá mucho del interés del profesor si se lee a Delibes o no.

Perseguidos por el estrés del “lo quiero para ayer”, qué bien nos vendrá disfrutar de la naturaleza, leída en estado puro, como remanso de pulsiones y contiendas.

Los libros de Delibes, confieso que los he de revisitar, tienen siempre una enseñanza vital. Tienen aspectos muy pedagógicos para nuestros adolescentes, por ejemplo el tema del compromiso, del desarraigo, del sacrificio…

Sería largo detenerse en cómo esculpe en sus personajes las pasiones del ser humano, sus dudas existenciales, las virtudes y maldades, todo ello de una manera directa, intemporal, que nos es siempre presente.

Su realismo dramático, crudo a veces, me recordó la genialidad del director Ermanno Olmi en la película “El árbol de los zuecos”: Maravillan ambos por su frescura y tradición a la vez, por ese arte para verter narradas las rugosidades y llanezas de la vida campesina, estación tras estación, sin quedarse en lo costumbrista o bucólico.

Creo que Delibes nos acerca a la realidad sin prejuicios ideológicos. Y de esa realidad extrae la verdad que difunde, con discreción pero sin complejos, a los cuatro vientos. ¡Qué reconfortante es saber de la sabiduría de sus artículos! Siempre del lado de los más débiles, por ejemplo defendiendo a los bebés que nacerán y a sus madres, tal como recordó un lector en un comentario reciente, http://elconfidencialdigital.com/opinion/tribuna_libre/068596/mama-quiero-vivir?IdObjeto=24118.

¡Que complicidad tan grata y edificante la de conocer la vida normalísima del Delibes, esposo enamorado, padre de familia y abuelo! En una entrevista publicada en 1986 dijo: "A mí me agradan los espacios abiertos. Me gusta la naturaleza, y también me alegra conversar con mis semejantes uno a uno, dos a dos, o tres o tres, pero no más”. Sí, qué gran placer el conversar, el pensar en voz alta y explicar la vida de forma amistosa y constructiva.

¡Cómo extraña nuestra siglo XXI la sencillez, y ese sentido común para la bueno, la sindéresis, de los sencillos! Otro gallo nos cantaría si, de verdad, las obras de Miguel Delibes estuvieran entre nuestros libros de cabecera. Pues, vale la pena: ¡A revisitar a este vallisoletano inmortal, que nos ha dejado!

Y sirvan de tierna elegía estos versos que le dedicó Jorge Guillén, ya hace muchos años:

Admiremos al hombre auténtico de veras, Que sabe organizar su vivir y sus libros, Muy al tanto de todo, sin inclinarse a nada, Porque son tan ajenas Al manantial continuo de gran inspiración; Auténtico vivir cuajado en escritura Límpida, magistral, y así tan convincente, Un arte narrativo que recrea Campo y Ciudad, sus luces y sus ideas, Profundos los paisajes minuciosos, Vegetaciones, hombres, animales, En medio el cazador.

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