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Normalidad sin ventajas para Cataluña

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La expresión “recuperar la normalidad en Cataluña” tras la locura secesionista puede resultar equívoca. No debe traducirse en otorgar ventajas económicas, inversoras ni fiscales, porque sería una injusticia.

Un artículo de...

Javier Arnal
Javier Arnal

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Pero la “normalidad” puede llevar a Rajoy a plantearse ­ - que parece planteárselo – otorgar beneficios fiscales o económicos a Cataluña para que se rehaga con mayor rapidez y eficacia, y es tentador para él pensar en algo así en plena campaña electoral catalana.

Pablo Casado ya lo dijo la semana pasada. El ministro de Economía, Luis de Guindos, pareció zanjar la cuestión alegando que el mero atractivo y capacidad de los catalanes debe bastar para que regresen bastantes empresas y la economía catalana se rehaga. Los temores están muy instalados en el PP, y existe disconformidad, porque dar ventajas es anular reivindicaciones de una mejor financiación en diversas comunidades autónomas, y aparcar inversiones en otros lugares que las demandan históricamente.

Por ganar votos en Cataluña, Rajoy puede perder votos en el resto de España. Si esas ventajas para Cataluña se llevan a cabo, gallegos, castellanos, andaluces, valencianos, aragoneses y un largo etcétera nos sentiremos – con razón – castigados injustamente, pagando justos por pecadores tras la locura independentista.

En la Comunidad Valenciana, por ejemplo, se da una clara infrafinanciación respecto a otras comunidades autónomas. Esto provocó una manifestación hace unos días, a la que Isabel Bonig, la líder del PP valenciano, no acudió: órdenes de Madrid, que pueden tener un coste evidente para futuros comicios en Valencia.

En estos años no se ha ejecutado el Corredor Mediterráneo, y la distancia entre Valencia y Barcelona tarda más en recorrerse que desde Madrid a Barcelona. Pocas empresas se han trasladado de Cataluña a Valencia, y esta carencia de infraestructuras ha beneficiado claramente a Madrid ante la fuga de empresas, aparte de la “capitalidad” de Madrid. Todos vienen subrayando la necesidad del Corredor Mediterráneo, pero seguimos igual, siendo el Mediterráneo la zona más próspera de España.

También Susana Díaz está alarmando ante este panorama, y con razón. Arreglar Cataluña se debe hacer con legalidad y justicia comparativa con otras zonas, no aprobando una lluvia de millones para Cataluña, como si fuera una “zona devastada”. Está devastada, pero no por fenómenos naturales, sino por locuras, y las locuras no deben recaer sobre las espaldas del resto de los españoles.

Normalidad es la decisión de que vuelvan a Aragón las 44 piezas del monasterio de Sigena que están ilegalmente en Cataluña. Méndez de Vigo simplemente ha hecho caso de la decisión judicial, a diferencia de los dirigentes que ha tenido Cataluña. Gran alegría en Villanueva de Sigena, pequeño municipio oscense donde está ubicado el histórico monasterio, que pude visitar en septiembre. Eso sí es normalidad.

Habrá que estar pendientes de lo que hace el Gobierno, pues “troceando” la lluvia de millones puede intentar llevar a cabo esa decisión injusta.

Normalidad ha de ser el objetivo de los propios catalanes, y los demás simplemente favorecerla, sin ahondar en el foso que se ha ido creando respecto al resto de España.

Para mí la normalidad es viajar a Cataluña, comprar allí o fuera productos catalanes, si nos gustan o nos apetece. En mi artículo de la semana pasada “No boicotear los productos catalanes” expuse mis motivos, sabiendo que casi una cuarta parte de los españoles está haciendo boicot. En uno de los comentarios a mi artículo, un lector escribió: “Qué obsesión con decirle a la gente lo que tiene o no tiene que hacer. Yo hago #boicotproductoscatalanes y el que no quiera que no lo haga”. No es ninguna obsesión: es una opción que expongo, sin pretender dar dictados a nadie, que sería del todo improcedente.

Ya se ve que “normalidad” tiene diversas acepciones. Mientras se respete la ley y el reparto de fondos equitativamente a todas las zonas de España, que cada uno lo interprete a su manera. Pero Rajoy nos engañaría si ahora recompensa a los catalanes con un “cupo catalán”, del todo inadmisible.

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