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Nuevo curso: Educar a fondo

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Dentro de pocos días comienza un nuevo curso escolar y educadores y familias ya empezamos a calentar motores. Nuevas ideas, nuevas ilusiones y nuevos retos nos esperan.

Dentro de pocos días comienza un nuevo curso escolar y educadores y familias ya empezamos a calentar motores. Nuevas ideas, nuevas ilusiones y nuevos retos nos esperan.

Es verdad que profesores y maestros no debemos substituir a los padres en la educación de los hijos, pues son aquellos los primeros responsables, pero tanto a hijos como a alumnos hemos de darles, y facilitarles que ellos mismos den, respuestas transformadoras, que les impliquen en lo más profundo.

Así, evitando paralelismos inconvenientes y desproporcionados entre colegio y familia, va a ser posible educar a fondo, que esa es la cuestión.

Pero, ¡ay!, nos vienen a la cabeza enseguida los escandalosos niveles de fracaso escolar en España, o los problemas para que nuestra Formación Profesional gane prestigio académico y enlace con empresas también formadoras, no sólo aprovechadas de mano de obra joven y barata, o tal vez recordaremos que tenemos un estupendo cuerpo de docentes aunque han de trabajar ahora más por menos remuneración, y además educando ¡en positivo!... Y dificultades en las familias, y tantos problemas que se nos podrían ocurrir y tal vez hayamos vivido el curso pasado en nuestras propias carnes.

No nos engañemos, ni caigamos en la confusión, enfrentamientos ideológicos o victimismos. El cambio que necesitamos, en la educación y en múltiples ámbitos del desarrollo de las sociedades modernas, parte de cada uno de nosotros y pasa por la libertad. Libertad de elección de las familias, y libertad de los profesionales de la enseñanza que buscan superarse en su trabajo diario.

Ahora, como nuevo punto de partida que orienta un rumbo seguro, veremos que es posible educar de maravilla si confiamos en nosotros mismos y en las personas que atendemos a diario; hemos de ser expertos en humanidad, hemos de saber bien en qué consisten los diversos aprendizajes y cómo se producen, para optimizarlos en cada una y en cada uno, según sus posibilidades y circunstancias.

Y en este punto, estemos convencidos de que podemos ser inspiración para los demás: ¡Nos necesitan! ¡Como somos! ¡Con lo que tenemos, aunque siempre nos parecerá poco para tanta tarea! Pero siempre con afanes de excelencia, al servicio de todos.

Padres y educadores hemos de creer en nosotros mismos, saber de nuestras fortalezas y, ¿por qué no?, reinventarnos, sin miedo... Sin caer en las prisas de la vida, que siempre nos llevan a buscar atajos, cuando todos sabemos que el camino más fácil en apariencia no es siempre el más efectivo.

Hemos de ser capaces de separar el ser del hacer, ver todos que la seguridad de nuestros alumnos o hijos no está en su hacer, está en su ser persona... Ellos son un fin en sí mismos, lo que hacen será medio pero no fin, pues nunca el hacer puede constituir nuestro ser. Su trabajo, nuestra dedicación, no será nunca esclavitud, aunque cueste.

Además, si les ayudamos a forjar una motivación intrínseca, eso les añadirá una estabilidad interna, un sentido de logro que relativizará la compensación externa de premios, dinero, honores o poder, que, si no están en su justa medida, desenfocan sacrificios y actitudes.

Padres y educadores hemos de tener grandes expectativas sobre hijos y alumnos. Pero también hemos de ser realistas, lo que implica conocerlos de maravilla, tratarlos personalmente, cuidar el tono de la voz y la mirada, ponernos en su lugar, ser acogedores y ayudarles a conocer y activar sus fortalezas.

Puede parecer agotador, aunque ese desgaste va a tener un elevado sentido si sabemos que nos completamos como personas, que mejoramos en la batalla por un mundo mejor. Eso sí, siempre codo con codo con otros muchos colegas y multitud de familias que, sin hacer ruido y con dificultades, afrontan también con espíritu deportivo la gran aventura del nuevo curso que se avecina.

Magnífica olimpiada nos espera, ¿quién se apunta?

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