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Obama y los cubanoamericanos

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Las decisiones de Obama son de trascendental importancia para los cubanos, pues las familias han estado artificialmente separadas durante décadas por las imposiciones de las autoridades cubanas.

El Presidente Barack Obama ordenó el 13 de abril a los Departamentos de Estado, Tesoro y Comercio levantar las restricciones a los viajes de los cubano-americanos y su envío de remesas a familiares en Cuba, impuestos por su antecesor Bush en mayo de 2004, con lo cual cumplió su compromiso de campaña. También eliminó restricciones a los envíos de paquetes y las comunicaciones. Se prevé la posibilidad de que los bancos puedan realizar transacciones personales de dinero y eventualmente se realicen vuelos directos, entre otras novedades.

Estas decisiones son de trascendental importancia para los cubanos, pues las familias han estado artificialmente separadas durante décadas por las imposiciones de las autoridades cubanas, que además ha violado derechos humanos fundamentales, y utilizado la coartada del enemigo yankee para reprimir al pueblo. Por tanto, la medida norteamericana los lesionaba aún más, sin que obrara en prejuicio del gobierno de la Isla. No debería demorarse la autorización por el Congreso norteamericano a sus ciudadanos para viajar libremente al único país del mundo al que no pueden hacerlo.

El flujo de personas podría incidir muy positivamente en el intercambio de experiencias sobre la realidad cotidiana, así como acerca de las profesiones y las especialidades. Las vivencias enriquecen, de manera que se conocería como la democracia norteamericana se perfecciona constantemente y brinda amplias posibilidades a quienes con laboriosidad y esfuerzos, según sus condiciones físicas, intelectuales y creativas, pueden progresar en todos los campos y alcanzar todos los niveles sociales. Asimismo en la interacción, los visitantes podrían conocer la sociedad que ha decursado en los últimos 50 años. No estarían ausentes de las conversaciones los avatares de los cubanos y los problemas de los estadounidenses.

No puede pensarse que las relaciones entre Cuba y Estados Unidos se normalizarán como en un cuento de hadas. En primer lugar, resulta imprescindible la buena voluntad del gobierno absoluto, que ha regido los destinos isleños durante 50 años mediante el engaño a su pueblo y la comunidad internacional. Sin que existan precondiciones, las conversaciones podrían comenzarse para coordinar asuntos de importancia primordial para ambas partes.

Del 17 al 19 de abril se efectuará la V Cumbre de Las Américas en Trinidad y Tobago. Lo más notable es el encuentro del Presidente Barack Obama por primera vez con la mayoría de los dignatarios de la región, tras su reciente inauguración, así como la insistencia de los mismos por abordar Cuba, aunque no se encuentra en el temario oficial. Mientras se han incrementado las presiones para que Estados Unidos levante el embargo comercial y normalice sus relaciones con el único país que no participa en estos encuentros. 

Cuando el nuevo mandatario afronta una de los momentos más difíciles de la historia de Estados Unidos, tanto interna como internacionalmente, y las esperanzas de recuperación se centran en él y su equipo, América Latina y el Caribe relegados durante los 8 años de George Bush, espera una política más participativa y coordinada. En ese contexto, por diversos intereses, contribuyen con el gobierno cubano para modificar la confrontación que en realidad no depende únicamente del lado norte del Estrecho de la Florida.

En ese contexto puede situarse la directiva presidencial respecto a los contactos entre los cubanos a ambos lados del Estrecho de la Florida. Era esperada con ansiedad y ha provocado júbilo dentro del archipiélago cubano, tanto porque contribuirá a la unificación y la economía familiar, como por la esperanza de que el relajamiento de las tensiones repercuta en apertura y menos represión dentro de Cuba. Sin embargo, al igual que el Presidente Raúl Castro no ha sobrepasado las promesas y pierde credibilidad entre el pueblo, existen reservas de que realmente se atenga a su oferta de conversaciones con Estados Unidos. 

No obstante, la situación interna es realmente crítica política, económica y socialmente. Al propio tiempo, las autoridades no pueden continuar dependiendo de países extranjeros para subvencionarla y mucho menos para resolverla. Es tiempo más que suficiente para echar a andar soberana e independientemente, con realismo y respeto a los sacrificios y la capacidad de soportar del pueblo. El futuro depende de nosotros, los cubanos cada día estamos más conscientes de nuestros deberes y derechos.

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