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Ojo con las libertades

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Si lo que ha dicho el ministro de Justicia en relación a las filtraciones de sumarios, es una ‘boutade’, mal andamos; si es algo pensado ‘a ver qué pasa’, andamos peor que mal.

Un artículo de...

Félix Gallardo
Félix Gallardo

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Por mucho que el ministro de Justicia haya matizado, peinado y maquillado sus palabras, lo dicho está dicho y ha levantado la lógica polvareda.

Pensar que las informaciones en relación a asuntos que están en los juzgados y cuyo secreto ha sido dictaminado por los jueces, se van a cortar por el lado de los informadores, además de una necedad, es pisar un terreno muy peligroso. Ni por el lado de los informadores ni por el de los informantes. Las filtraciones existen y van a seguir existiendo, más ahora con las enormes facilidades de comunicación que la tecnología ofrece.

Para cortar la riada, si es que se puede, o para castigar a los que lo merezcan, están las leyes ordinarias sin necesidad de particularizar en ningún sector, ya sea de funcionarios judiciales, de periodistas, de amas de casa o de militares sin graduación.

Si al ministro se le ha escapado una ‘boutade’ mal andamos, si es algo pensado ‘a ver qué pasa’, andamos mucho peor que mal. Le bastaría con mirar a su alrededor, para darse cuenta de cómo se eternizan los procesos y de la desconfianza que reina en las filas de los que los manejan. El espectáculo de la juez Alaya, que lleva años entrando y saliendo de su juzgado, ante las cámaras de televisión, con sus procesos literalmente a cuestas y transportando un enorme carro de documentos, es todo un símbolo.

En todo caso, jugar a hacer ‘politiquita’ con las libertades de los ciudadanos es, además de peligroso por el precedente que sienta, inútil a estas alturas de nuestra democracia por muy deteriorada que esté, gracias en gran parte a los políticos.

Ningún ciudadano, mucho menos si es periodista, va a renunciar a sus libertades y la libertad de informar y la libertad de estar informado es algo intocable para una ciudadanía con un mínimo de dignidad.

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