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Tribuna libre

Un Pablo Iglesias avinagrado

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El líder de Podemos siempre ha tenido un aire de enfado permanente, de vinagre. Lo justificaba diciendo que el pueblo sufría. Ahora se ve que sus fracasos electorales, demoscópicos y deterioro de su valoración en su propio partido revelan un ego muy herido.

Un artículo de...

Javier Arnal
Javier Arnal

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A Iglesias no le ha hecho ninguna gracia de lo Tabarnia, y la presentación en clave de humor del presidente “en el exilio” Albert Boadella, exponiendo que la grave crisis catalana y de deterioro de la convivencia diaria – una tragedia diaria – también necesitan un poco de humor, para resaltar que la independencia es imposible, y por eso cabe el humor. No conviene agigantar todavía más la tensión, Puigdemont y cía han puesto en marcha un circo de ninguna gracia, y cabe hacerla con un “procés” de pandereta.

Simplemente, Iglesias no ha estado nunca para bromas, y menos ahora. Se ha dado un buen batacazo en las elecciones del 21-D por apuntarse al independentismo, y su partido lo ha pagado. Su valoración personal, entre los de su partido, está por los suelos, y eso todavía le duele más: el “ego” está muy tocado. Por eso, ha estado desaparecido de la escena política desde el 21-D, y sólo ha reaparecido hace unos días para decir que en Cataluña tendrían que haber hecho mejor algunas cosas.

La contestación interna en Podemos es creciente hacia su líder Pablo Iglesias. No son las formas, sino el fondo. Muchos añoran no tener al frente a Iñigo Errejón, pero saben que Iglesias eliminará cualquier conato de crítica seria a su liderazgo, él se considera la esencia de Podemos y el único que la tiene.

La ambición del líder podemita se está estrellando una y otra vez. Estos días, ante las encuestas que encaraman a Ciudadanos en número de votos en unas elecciones generales, por encima de PP y PSOE, aunque no en número de escaños, no hay otro comentario: “si se da ese escenario, Ciudadanos puede gobernar con quien quiera, PP o PSOE”. Podemos pasa a la irrelevancia en esas encuestas.

Pablo Iglesias está de los nervios. Podía haber gobernado con Pedro Sánchez, pero el “ego” le traicionó, y mucho. Un tren que tiene todos los visos de que no volverá a pasar para Iglesias, con un partido que va perdiendo votos, en una continua sangría.

Parte de la inteligencia es no mostrar en exceso ni a destiempo la ambición. Por eso Iglesias es menos inteligente de lo que él se cree. ¿Qué táctica hará ahora?

No le basta ya con denunciar la corrupción en los partidos políticos, en los diversos juicios que están en marcha – caso Palau, caso Gürtel, EREs Andalucía -, porque la justicia está actuando como debe.

Podría aferrarse a lo que le ofrezco: recortar políticos en España. En España hay un político por cada 106 ciudadanos, mientras que en Alemania hay un político por cada 554 ciudadanos. Se están equivocando nuestros gobernantes al aplicar los recortes. No sé si Pablo Iglesias ya le ha cogido el gusto a los ingresos y poltronas – hace poco se han conocido sus ingresos, y no está nada mal -, pero ahí tiene cancha. No creo que se atreva. Forma parte ya de la casta que denunció hasta hace muy poco.

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