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Los que albergaban alguna duda esperanzada sobre la catadura del ‘nuevo’ Pedro Sánchez, la habrán despejado en las pocas horas de ejercicio político del flamante secretario general.

Un artículo de...

Félix Gallardo
Félix Gallardo

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Pedro no deja de ser un nombre de uso habitual por estos pagos. Desde Pedro el de las cabras, amigo de Heidi, hasta el grito de Penélope Cruz cuando el Oscar a Pedro Almodóvar, pasando por el ‘Pedro y Lobo’ de Prokófiev, Pedro Navaja o Pedro de Urdemalas, hay pedros para todos los gustos. Pero en estos momentos de España, Pedro, lo que se dice Pedro, no hay más que uno y… es más que suficiente.

Los que albergaban alguna duda esperanzada sobre la catadura del ‘nuevo’ Pedro Sánchez, la habrán despejado en las pocas horas de ejercicio del flamante secretario general del partido socialista.

Nunca –ni siquiera en las horas más bajas de Rodríguez Zapatero- se había escuchado en Ferraz todo lo que ahora se escucha en referencia a Sánchez. Porque es evidente que se ha rodeado de una guardia pretoriana que hace imposible cualquier intento –al menos por el momento- de reeditar antiguos episodios de rechazo, pero no es menos palpable que Sánchez cuenta, única y exclusivamente, con ese puñado de adeptos, por mucho que los silencios –al menos en voz alta, valga la paradoja,- hagan pensar en más fuerzas a su favor.

El Partido Socialista sigue fracturado, más fracturado que cuando las primarias, y con una fractura que, cada vez, parece más irreversible. Los militantes han votado a Pedro Sánchez pero, se quiera o no, la vida diaria de un partido y de un grupo parlamentario se rige en cada circunstancia por más voluntades que las de los militantes y, de esas voluntades, Sánchez cuenta con pocas.

Está ‘crecidito’ y como su prudencia política se reduce a cero y su visión de futuro es nula, pisa más callos cada día y no solo de pies ajenos, sino de pies propios y eso más tarde o más temprano pasa factura.

Mientras, vuelve a la matraca de ‘antes de la guerra’ (de la guerra contra Rajoy) y su única propuesta política es echar a Rajoy de la Moncloa. Propuesta que no es nada, salvo que se mire en el conjunto de la inanidad y del vacío que hay en la cabeza política de un supuesto estadista, no de medio pelo, sino de pelo rapado al cero.

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