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Tribuna libre

‘El Pensador’ de Rodin y la jornada de reflexión

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No se sabe muy bien si hay que reflexionar sobre programas, sobre insultos, sobre candidatos sobre corrupción, sobre pactos o sobre la ridiculez que supone el día de reflexión.


Un artículo de...

Félix Gallardo
Félix Gallardo

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No hay constancia ni datos fehacientes como para para poder acusar a Rodin de haber incluido, eso del día de reflexión, en nuestra legislación electoral.

Tampoco en su biografía hay motivo alguno que permita acusar al escultor francés de semejante memez el día anterior a las elecciones, ni su escultura ‘El pensador’ merece que ser comparada con quiénes instan a los españoles a permanecer todo un sábado en silencio electoral, en sesuda reflexión y en solitario discernimiento sobre candidatos y programas.

Porque, ¿sobre qué y quiénes debemos reflexionar los españoles?

¿En relación a programas inexistentes? ¿En torno a los insultos que se han dedicado los candidatos? ¿Para averiguar quién de ellos es el honrado y quién el corrupto? ¿Quién el más espabilado y el que más veces ha metido la pata? Difícil ejercicio de reflexión sobre la nada, la amenaza, la descalificación y la ausencia de propuestas contundentes.

Si la campaña ha sido una feria, no se entiende bien a qué viene la jornada de reflexión.

Porque el silencio para reflexionar es una mentira más. Por ejemplo, todos los medios de comunicación informarán, lógicamente, de los últimos actos de campaña y de los mítines de la víspera. Por lo tanto, por lo que a la información se refiere, el día de reflexión será una jornada habitual de la campaña e incluso más completa que en días anteriores en los que no había que reflexionar.

Además, eso de pensar y reflexionar por decreto y por artículo de Ley Electoral, no deja de ser un arma de dos filos. En plena campaña, el ciudadano, en sus quehaceres habituales, e incluso entre mitin y mitin quizás no haya tenido tiempo de pararse a pensar y mucho menos para analizar. Y hasta ahí, los políticos podían estar más o menos tranquilos. Pero ¿y si a los electores les da por hacer de estatua de Rodin y se dedican a escrutar a los candidatos y sus discursos. Mejor no pensarlo.

Pero aún queda una carta en la manga de los políticos para el día de reflexión. Los equipos de campaña, se apresurarán a informar a los medios sobre cómo pasarán el día los candidatos. Unos sacarán sus mascotas a solazarse; no faltará quien de un paseo en bici; otros simplemente caminarán o leerán un libro que tenían abandonado y, los de más allá, se reunirán con su familia ‘a la que he tenido muy abandonada durante la campaña’

Información humana, enternecedora y cercana, pero igual de mema que la jornada de reflexión.

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