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Tribuna libre

Periodistas de partido

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La designación de Oliart como presidente de RTVE se presta lecturas satíricas, todas injustas salvo la que lo debiera haber inhabilitado para el cargo por no tener ni idea de lo que se va a llevar entre manos.

La designación de Oliart como presidente de RTVE se presta a infinidad de lecturas satíricas y lacerantes, todas injustas salvo la que lo debiera haber inhabilitado para el cargo por no tener ni idea de lo que se va a llevar entre manos. Pero da que pensar que haya sido la única salida que le quedaba a ZP a la vista de que todos los candidatos con aspiraciones a la trona estaban “marcados”.

Es tal el grado de degeneración que ha alcanzado la profesión periodística en España, que gobierno y oposición se han permitido la desfachatez de nombrar rey reinante (pero no ejerciente) del «BOE audiovisual» a un honorable jubilado ignorante de los Media, argumentando (previa apelación al recurrente eufemismo del “hombre de consenso”) que por mucho que han rebuscado no han encontrado un periodista independiente y además capaz. Por ser lo uno y lo otro, precisamente por eso se ha largado el que había, como en su día hizo Camacho en el Madrí galáctico, antes de que siguieran tomándole el pelo.

Lo más desolador de tan surrealista elección es que puede que a Zapatero y a Rajoy les asista la razón a la hora de esgrimir como aval el señuelo de la imparcialidad geriátrica. Y cierto es que ahora que me pongo a pensar, hay que echarle imaginación (y un par de huevos, como doy por hecho que le echaría Federico Trillo) para encontrar un propagandista en nuestro país que no esté “marcado” por el hierro candente de alguna ganadería política, ovina, bovina, caprina o porcina.

Es tal el grado de mamoneo existente entre la clase política y la periodística, que raro es el caso de algún profesional de la comunicación que no “cojea” de alguna de las tres piernas: la izquierda, la derecha o la pierna fláccida del centro.

Alcanza tales cotas de desvergüenza el grado de compadreo entre periodistas militantes y políticos figurantes (en su inmensa mayoría incapaces intelectuales los unos y los otros), que me cuenta un espía anónimo que los Cuatro Poderes –es un imaginar metafórico- han sido sorprendidos por el sistema de escuchas SITEL retozando en una inmensa cama redonda más propia de los prostíbulos venecianos que de un puterío soez con menos sabor añejo incluso que un puticlub casposo iluminando la noche viciosa de cualquier carretera nacional tardo-franquista.

Siento ser tan descarnado en la descripción de mi estado de ánimo, pues normalmente no suelo ser tan mal hablado. Pero es inevitable estremecerse pensando en las consecuencias que va a tener la inteligente y oportuna “espantá” de Luis Fernández. Tranquiliza y reconforta pensar que Maradona sería todavía más explícito que yo a la hora de expresar la misma idea pero hablando, como en él es costumbre, con los pies.

Sólo queda claudicar a la evidencia y aplaudir el buen hacer del lobby feroz de UTECA y de los “brujos visitadores de Moncloa” por la penúltima pirueta de la vicepresidenta. Y reconocer como un axioma incuestionable que hoy por hoy son más los “comisarios políticos” que ejercen de “libelistas”, que los auténticos informadores que se limitan a hacer su trabajo.

Las “moscas cojoneras rebeldes” de las que habla Víctor de la Serna, refiriéndose a los periodistas honrados que se limitan a ejercer la profesión teniendo la “verdad” como la única servidumbre aceptable, no tienen nada que hacer con este esquema de valores, donde sólo promocionan, salvo excepciones que ahora no me vienen en mente, “cortesanos” medradores como los que retrata Erasmo en su «Elogio de la locura», dotados de una innegable pericia a la hora de adular a su señor.

Querido Luis, llévame contigo a Miami que te invito a un cubalibre, porque en algunos aspectos este país se está pareciendo cada vez más a la cuba de Castro.

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