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Premios Gregal 9 de Marzo

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Este tipo de premios son hoy, tal vez, más necesarios que en otras épocas. Todos salimos más optimistas y renovados en valores humanos.

El pasado jueves asistí a los VI Premios 9 de Marzo, que otorga anualmente la Asociación Cultural Gregal de Castellón. Son unos premios a los valores humanos, que desde su primer año han reconocido a personas o instituciones de toda España que destacan por su trabajo periodístico, esfuerzo, solidaridad, lealtad, investigación histórica, rigor científico o defensa de la vida.

Este tipo de premios son hoy, tal vez, más necesarios que en otras épocas. Todos salimos más optimistas y renovados en valores humanos que, aunque todos valoramos, algunos viven con especial ejemplaridad. Son premios que no tienen dotación económica -¡que vendría bien para alguna institución premiada, como AFANÍAS, con su ingente tarea con discapacitados, y quién sabe si en el futuro algún premio puede recibir dotación económica!-, sino una "dotación" más importante, que es el reconocimiento y aliento colectivo. Paloma Gómez Borrero, precisamente por su trabajo en el Vaticano en estos días tan intensos, no pudo asistir a recoger el premio, pero en un vídeo con imágenes desde la plaza de San Pedro se unió al acto, y se comprometió a recoger el premio más adelante.

Conozco bien estos premios, porque fui Presidente del Jurado que otorgó los primeros premios, en 2008. Viví sus inicios y sigo viviendo, con creciente intensidad, su consolidación y mejora anual. Se galardona a personas o instituciones. Tengo la sensación de que los premiados en esta ocasión elevaron un escalón o dos el nivel de otros años, por su trayectoria y por sus intervenciones en el acto: no es desmerecer premios de otros años.

Resonaron con fuerza en un abarrotado Teatro Principal de Castellón las apasionadas palabras del médico Justo Aznar en defensa de la vida desde la concepción, tarea en la que lleva comprometida toda su vida, y en la que se sigue volcando científica y humanamente con creciente entusiasmo.

También llegaron hondo las palabras que pronunció Evaristo de Vicente, abogado y empresario, de 91 años, que sigue siendo el Presidente ejecutivo del Patronato para la reconstrucción de la concatedral de Castellón: antiguamente se tardaban siglos en acabar una catedral, y él ha logrado en unos pocos años acabarla, reuniendo el apoyo de instituciones públicas, empresarios y personas físicas. Con razón pudo decir Evaristo que "la felicidad no es una estación de llegada, sino una forma de vida". Basta apuntar que el presentador del acto "agradeció" a Evaristo que aceptase el premio.

Interesante fue la intervención del presidente de la Diputación de Castellón, Javier Moliner, poniendo en entredicho que no interesen en estos momentos los valores humanos, y señaló el seguimiento mundial del cónclave y la elección del Papa Francisco I.

Habló la sociedad, hablaron los ciudadanos; es verdad que tienen un rasgo extraordinario, porque destacan frente a la pasividad, el pragmatismo o el relativismo moral. Son muy necesarios estos premios.

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