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Tribuna libre

Pulso Rajoy-Bruselas

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Rajoy es un corredor de fondo, no partidario de improvisaciones ni de fiar los resultados a un optimismo universal.

Con tranquilidad, fiel a su estilo, el presidente del Gobierno ha dado la sorpresa en Europa, haciendo gala de una serenidad que a algunos desconcierta y a la mayoría sosiega, tras las turbulencias que en los años de ZP ha vivido España. Rajoy se ha plantado ante Bruselas, y no acepta reducir en 2012 el déficit de España hasta el 4,4% del PIB, sino hasta el 5,8%, amparándose en que en que el déficit de 2011 -8,5%- ha sido desorbitado, y sería una imprudencia emprender una política de gran ajuste ahora que ahondaría la delicada situación de la economía española. Rajoy se ha comprometido a que en 2013 el déficit será del 3%.

Para quienes se marean con los criterios macroeconómicos y estos datos porcentuales, tal vez una comparación puede servir. Se trata de las dietas de adelgazamiento: todos –Bruselas, Rajoy, Alemania, todos- coincidimos en que es necesario adelgazar, pero cabe una dieta paulatina y razonable para el organismo y sus funciones, o bien un tratamiento de choque, con cirugía incluida, que suele entrañar muchos riesgos. Rajoy opta por un tratamiento no traumático.

El “Financial Times” resume la decisión de Rajoy en que aplica una lección de economía familiar, lección para todos los políticos europeos, y –con satisfacción no oculta por la ocasión que se le ofrece de criticar la actitud de Alemania- también para Alemania, que pretende hacer pasar por su aro a todos los países. Algún motivo tiene Alemania para pretender imponerse de modo habitual, pero España no es Alemania ni hemos de ser tan débiles que todo lo que diga Alemania lo acatemos sin más. España tiene una idiosincrasia, unas características, que ha de gobernar Rajoy, y para eso se le ha votado en las urnas.

Rajoy es un corredor de fondo, no partidario de improvisaciones ni de fiar los resultados a un optimismo universal. Formó parte de los gobiernos de Aznar, y sabe cómo sacar adelante España, o al menos está dando muestras de que tiene un plan y lo va a mantener, “sin prisa pero sin pausa”, como él ha señalado.

El cambio respecto a las políticas de ZP es radical. Rajoy ejerce de presidente del Gobierno de España, y de Bruselas acepta y aceptará las lecciones “justas”, ni más ni menos, pero sin que ni por asomo España sea gobernado por Bruselas. Justo lo contrario que ha sucedido en estos años pasados: en 2010, en efecto, Bruselas obligó a ZP a tomar una serie de medidas, y eso nos evitó el rescate. No es que Rajoy haya pactado con Bruselas, sino que asume toda la responsabilidad con gran tranquilidad. Y esa imagen de que no somos un país intervenido de hecho se valora muy positivamente en la opinión pública española.

Mientras Rubalcaba ha apoyado a Rajoy en este plan, ZP lo ha tachado de “locura”, escenificando el divorcio con Rubalcaba y, de paso, negando el apoyo a Rajoy en cuestiones decisivas de nuestra economía: Rajoy apoyó a ZP cuando, a partir de 2010, tomó medidas que eran necesarias. En vez de permanecer en un discreto silencio, ZP se opone a Rajoy… y a Rubalcaba, ¡a quien le pide ahora centrismo político! La falta de competencia y la inconsistencia de ZP han dado paso a un Rajoy que no quiere que España sea privada de su soberanía, mostrando que los objetivos se pueden cumplir de varios modos.

El pulso continuará, pero la firmeza de Rajoy ante Bruselas ya merece un lugar en las hemerotecas. Esperemos que para nuestro bien. La Bolsa ha castigado a España estos tres días con un gran batacazo, pero más bien vinculado el riesgo de quiebra de Grecia, que indudablemente mete miedo en el cuerpo a todos. Rajoy se la ha jugado, y hay motivos para pensar que puede ser una lección histórica sobre cómo sacar con criterio a España de la crisis, con autoridad y criterio, sin complejos ni mimetismos.

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